Cuando termina su llamada me acerco tanto a ella que puedo sentir el calor que desprende su cuerpo y aunque intenta alejarme le es imposible. —¿Sabes qué recordé Reyyan? —inquiero encerrándola entre la puerta y mis brazos; y con cada palabra que pronuncio mis labios casi rozan los suyos debido a nuestra cercanía. —¿Tomar sus pastillas para el Alzheimer? —pregunta esquivando mis labios, los cuales estaban listos para volver a probar los suyos. —Es lo que más te gustaría en este momento, pero no, recuerdo la noche que procreamos a este bebé —respondo, acariciando su vientre, dónde nuestro bebé da una pequeña patadita, al instante sonrío y me pongo en cuclillas pegando mis labios a su barriguita y dejo un pequeño beso—. Vaya, creo que este pequeñín también está emocionado de saber que papá

