Un par de horas más tarde, los jóvenes llegaron a la casa, los demás no habían llegado todavía. Marcos se preocupó, pues su hijo ya estaba pasado en su hora de almuerzo y, lo más probable, era que pronto se pusiera mañosito por hambre. ―Voy a buscarlos. ¿No sabe por dónde andan? ―le preguntó al abuelo. ―No, supongo que deben haber ido al río, es la parte que más le gusta a Victoria. Marcos caminó de vuelta a su caballo, pero, antes de subir, vio venir a las mujeres y los niños. Se apresuró en su búsqueda. Victoria se veía acalorada y cansada; Sandra venía con Camilito en sus brazos y tampoco se veía mejor; Marcos lo tomó para alivianar a la mujer. ―Se demoraron mucho, ¿qué se quedaron haciendo? ―reprochó Marcos más asustado que molesto. ―No te enojes, nos detuvimos varias veces,

