02_ De vestido a pantalones

1599 Words
Francisco Luna, ex soldado del reino, amigo cercano del rey y viudo ya desde hace tres años. La muerte de su mujer fue lo peor que le pudo haber pasado, fue un sentimiento desgarrador que parecía que lo seguiría por el resto de su vida, deseando su propia muerte, pero no lo hizo, ya que a pesar de perder a la mujer que tanto amaba, el fruto de su amor, seguía vivo, su preciada hija que cuidaría con su misma vida, su hija consentida y algo malcriada a quien nunca le negaba nada, hasta ahora. -¿Qué quieres practicar esgrima? ¡¿Qué clase de tonterías dices?! Éso no es para niñas, vete a jugar con tus muñecas.- dijo el hombre, con cansancio. ¿Qué clase de broma tonta era ésa? La pequeña de ojos grises que estaba sentada en el escritorio, del lado opuesto de su padre, lucía completamente tranquila a pesar de recibir un "no" por primera vez. En el futuro, iba a aprender esgrima y su propio padre le enseñaría, pero para éso faltan muchos años y muchos acontecimientos que tiene planeando evitar, significando que su padre nunca le enseñaría esgrima. Su destreza con la espada era buena, pero podía ser mejor para poder hacerle frente a todos ésos tontos niños bonitos en el futuro. -Pero padre... Antes de que pueda seguir hablando, el hombre golpeó con la palma de su mano, su escritorio. -Esta conversación se terminó, Sofía.- dijo el de cabello castaño, con seriedad. La niña, sin mostrar miedo o enojó, se puso de pie y se retiró sin decir ninguna palabra, sintiendo el hombre éso como una daga a su corazón. ¿Por qué no se enojó e hizo una rabieta? Esperaba éso, pero verla ser tan indiferente, lo herían. ¿Será el inicio de la edad rebelde a tan temprana edad? Criar sólo a una hija, era un trabajo más complicado del que se hubiese imaginado. -¿Desde cuándo me llama padre?- se preguntó el hombre, dolido. ¿Dónde quedaron el "papá" o "p**i"? Era algo vergonzoso ser llamado así, pero también era reconfortante el saber que su hija sólo tenía ojos para él. Ojos para él... genial, ahora parece uno de ésos raros padres que no quiere que su hija se enamoré jamás y siempre vea a su padre como el mejor de todos. -Disculpe señor, ¿necesita algo? El hombre, salió de sus pensamiento para ver a una joven sirvienta de cabello n***o, ojos verdes y bastante bonita, parada en la entrada. -Lara, ¿tu también crees que el esgrima no es algo para niñas?- preguntó Francisco, en busca de una opinión externa. Él sólo pensaba como padre, así que sería bueno tener la opinión de alguien más y más de uno mujer que entendería mejor a su preciada hija. -¿Por qué no? Es bueno que una mujer se sepa defender ella misma, ¿no cree?- dijo Lara, sin pensarlo mucho. Ella misma, no sabía ningún estilo para el combate, pero se sabía defender si era necesario. -Si Marta estuviese viva, seguro se opondría.- exclamó el hombre mientras miraba hacía arriba y llevaba sus manos a su cabeza. Su amada le hacía tanta falta aún ahora. Si tan sólo hubiese sido lo suficientemente rápido para protegerla aquel día de ésos bandidos que los atacaron. El hombre, sintió dolor al recordar como un bandido acabó con la vida de su mujer, quien no sabía defenderse y dio un suspiro profundo. Acabo con la vida de todos ésos bandidos, ¿y de qué le sirvió? Solo se desahogo un poco, pero la vida de su mujer no la pudo recuperar. El hombre se puso de pie y miró hacía la ventana, contemplando el pacífico día. -Dile a Sofía que mañana comienza a practicar, aún si es un capricho pasajero, aprenderá algo.- dijo con resignación Francisco, volviendo a sentarse. ¿Será ésa la decisión correcta o un terrible error? -Como diga, señor.- dijo la sirvienta, antes de retirarse. La chica, al salir de la oficina de su jefe y cerrar la puerta, frunció el ceño al encontrar a Sofía, parada de brazos cruzados y sonriendo. -Entonces, ¿cuándo empiezo?- preguntó la pequeña. La mujer, dio un suspiro sonoro, sin contención. ¿Ésa niña estuvo esperando porque sabía que su padre iba a cambiar de opinión? Agachándose un poco para quedar a la altura de la niña, la miró de manera severa. -Eres una niña muy manipuladora e inteligente, no le causes estrés a tu padre.- dijo o más bien le ordeno. Ella perdió a su padre hace un par de años y daría todo por tan sólo tener la oportunidad de estar un minuto más con él, así que ver a su jefe pasando disgustos con su hija, la molestaban. -Pero yo quiero ser fuerte como Lara.- dijo Sofía, abrazando a la sirvienta de manera alegré. La muchacha, cerró sus ojos, conteniendo su enojó. -Tengo 5 hermanas menores y un hermano mayor, ¿en verdad crees qué esto funciona conmigo?- preguntó, sin estar dispuesta a dejarse engañar por ésa niña astuta. Sofía, se separó de la chica y sonrió de manera un tanto burlona. En el futuro, Lara se convertirá quien la seguiría hasta el final, así que sabía muy bien que en su debido momento, caería ante su encanto. -El señor dijo que mañana comienzas a practicar.- dijo la ojiverde, parándose firme antes de retirarse. Si la oportunidad se llegaba a presentar, no dejaría que la señorita se acerque a sus hermanas. Una vez que la sirvienta se alejó, Sofía sonrió levemente. -Entonces, mañana será mi primer día usando pantalones.- dijo para ella misma la niña, antes de dirigirse a su habitación, dando pequeños saltos. En su casa, haría que nadie pueda ser capaz de decirle que no, inclusive su padre no podría. . . Al día siguiente. Francisco caminaba rápidamente por los pasillos de su gran casa, por primera vez enojado por tener una casa tan enorme. ¿Por qué tanto espacio si sólo tenía una hija? -Señor, todavía tenemos mucho trabajo que terminar.- dijo un chico de anteojos, con pecas en el rostro, piel bronceada y cabello n***o, bien peinado. Solía ayudar a su jefe con las cuentas, leyendo los papeles, buscando información y siendo su asistente, por más de 10 años y era la primera vez que lo veía así. -Al diablo mi trabajo, yo quiero ver que mi hija no se lastime y si es así, ése tonto de Julián, se las verá conmigo.- exclamó el hombre con enojó. El de anteojos se sorprendió por tal aclaración y no dijo nada más. Ni siquiera cuando la señorita Sofía nació, su jefe se vio tan alterado como ahora. Lara, la sirvienta novata, se encontraba parada de manera firme en el patio y el hombre se acercó, casi corriendo. -Lara, ¿dónde esta mi hija?- preguntó el de ojos grises. Últimamente, su hija parecía tener cierto apego con ésa sirvienta, así que ella debía saber donde estaba. La mujer, señaló con su mirada al frente y el hombre volteó, para ver a su hija, con ropa que básicamente eran de niño, practicando directamente con su instructor. La niña movía su estoqueta y sus pies de manera algo lenta, pero los movimientos eran excelentes. Un instructor no haría que su alumno agarré la estoqueta y en el primer dio lo haría practicar directamente con él o se podría lastimar, pero esta vez era diferente, Sofía estaba entrenando con Julián, un gran maestro esgrimista, quien mantenía la concentración contra su pequeña rival. -El instructor de esgrima se encuentra enormemente asombrado, la señorita tiene un talento enorme.- exclamó la sirvienta, evitando sonreír. No iba a admitir que ésa niña que hace una semana hacía rabietas por nada, era talentosa en algo. -¡Ja! Claro que si, es mi hija después de todo.- dijo el hombre robusto, orgulloso por ver a su hija. Sabía que ella un día dejaría de ser tan mimada y sacaría a flote algún talento herederado de él, claro esta. El instructor de esgrima, un hombre moreno, calvo y de ojos marrones, se dio cuenta de la presencia de su jefe y miró a la niña que atacaba con precisión, pero algo lento. Si se llegaba a distraer, podía recibir un buen golpe de ella y podía salir lastimado ya que no llevaba nada que lo proteja, al haber creído que no vería nada sorprendente, sólo un capricho pasajero habitual en un niño, bueno, niña en ése caso. -Tu padre vino a verte, ¿quieres descansar un rato para ir con él?- preguntó, atacando a su estudiante con su estoqueta, sin usar mucha fuerza y velocidad. Sofía, se protegió del ataque con su sable, desviándolo y atacando al instante mientras el hombre la evadía. -Lo veo todos los días y no sé cuando cambiará de opinión, prohibiendo que entrene con usted.- respondió la pequeña, antes de seguir atacando, mejorando sus habilidades bastante rápido. El instructor, sólo sonrió levemente mientras se protegía y atacaba de vez en cuando. Si su jefe oía éso, lloraría, pero por suerte, estaban lo suficientemente lejos como para no ser oídos. Y así, Sofía dio inició a su práctica de esgrima, teniendo talento gracias a su experiencia pasada. Era algo sumamente agotador para ella y más en ése momento que su cuerpo no tenía nada de resistencia y estaba acostumbrada a ser cuidada por los demás, pero si quiere lograr sus objetivos, deberá esforzarse, transpirar, no tenerle miedo a las ampollas y no rendirse, porque un día, saber defenderse le servirá.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD