Era un momento que Sofía esperaba, pero estaba sucediendo mucho antes de lo que se imaginaba, por estar en un lugar que anteriormente no había estado.
En el pueblo, las personas iban y venían y allí, cerca de una fuente con aguas no muy limpías, se encontraba ella, con la mirada perdida, su bello cabello rubio y largo, moviéndose por el viento, sus preciosos ojos azules y su piel clara tan llamativa, mientras pájaros estaban sobre sus hombros y alrededor de ella, como todo una princesa.
¿Cómo sabía que era ella si antes nunca la vio cuando era niña?
Era simple, uno de los motivos eran los pajaritos que la seguían como toda buena protagonista, y el otro motivo era por el hecho de estar sentada en una silla de ruedas.
-Hola, Naomi Sol.- saludo la de ojos grises con una leve sonrisa en su rostro.
Las pequeñas aves, como si de un terrible depredador que se le acercase se tratase, al oír la voz de Sofía, huyeron alborotados mientras la ojiazul la miraba, en shock.
-Yo... ¿nos conocemos?- preguntó la niña, con una sonrisa nerviosa.
No recordaba haber visto jamás a ésa niña y no le guardaba juzgar a alguien que no conoce, pero... a pesar de ser linda y verse algo inocente, sentía miedo.
-No, pero lo haremos, después de todo, soy la persona que más la odia, por arruinar mi vida.- respondió Sofía mientras ampliaba una gran sonrisa dulce en su rostro.
La rubia, se asustó al oír tales palabras.
¿Cómo es éso que no se conocen pero le arruinó la vida?
-Yo... no podría hacer nada aunque quisiera.- exclamó Naomi, apoyando sus manos sobre sus piernas.
Sofía, sonrió con burla, viendo las piernas de su enemiga.
¿En verdad ésa tonta ex protagonista cree que la puede engañar con éso?
-En verdad, esta vez no podrás aunque quieras.- dijo Sofía, siguiendo su camino.
En el pasado, la agarró desprevenida, pero ahora, por cada error pasado, ya pensó cinco soluciones diferentes para cada evento.
-Mis disculpas, señorita, pero no podía desperdiciar ésa oferta.- dijo Lara, acercándose con una bolsa con pan.
Pagaba dos kilos y le daban un kilo gratis.
-Nos vemos luego, Naomi Sol.- dijo la de ojos grises, pasando cerca de su opuesto que se vio desconcertada.
Ésa aterradora niña de ojos grises decía cosas confusas, pero se veía como alguien de buena posición económica, así que no la quería tener de enemigo.
-Lo que haya hecho para ofenderla, me disculpo.- dijo la rubia, no queriendo tener a un enemigo.
Sofía, que ya la había pasado, se detuvo mientras Lara se acercaba, confundida.
-El hecho de que te disculpas por todo, es lo que más odio de ti.- dijo Sofía, antes de seguir con su camino.
Ver otra vez a su peor enemiga, la hacían sentir muy enojada, pero debía mantener la calma y seguir siendo paciente.
No importa que ahora ella sea la protagonista de la historia, estaba segura que ésa tonta siempre sería un problema para cada uno de sus planes.
-¿La conoce?- preguntó la sirvienta, con seriedad.
Sólo se alejó unos minutos y ésa niña le declaró la guerra a alguien que ni conocía.
Antes la señorita Sofía era un dolor de cabeza, a diferencia de ahora, pero, ¿no podía ser una dulce e inocente niña normal?
-Supongo que no.- respondió Sofía, intentando recuperar su buen humor.
Imaginar a la tonta protagonista y a sus tontos seguidores, arrodillados ante ella y pidiendo clemencia... que bonito lugar de paz.
-Genial, ahora la señorita también molesta a personas desafortunadas que no tienen movilidad en una parte de su cuerpo.- dijo Lara, dando un suspiro agotado.
¿Será qué al crecer la señorita cambiaría para bien?
-Se le dice paralítica, no intentes hablandar las cosas.
Además... las apariencias engañan y hasta la más bella flor, puede engañar en algo.- exclamó Sofía, susurrando lo último con su ceño fruncido.
Nunca le interesó conocer sobre ésa patética protagonista, pero sabía gracias a su inútil ex prometido, que ella en el pasado vivía con una familia que la hacían fingir tener discapacidad para ganar dinero, revelandose luego que ella en verdad era hija de una familia de nobles, donde ya no tuvo que fingir más su discapacidad.
Tuvo una niñez difícil, pero no le importaba, después de todo, ella fue la causante de que su vida concluya luego de ser humillada una y otra vez.
-¿Por qué quiso venir conmigo?- preguntó la chica, curiosa.
-¿No me crees cuando dije que quería salir a caminar?- preguntó la niña mientras sonreía de manera inocente.
-Con todo respeto, sólo cuando dice cosas malvadas le creó.- respondió la ojiverde con honestidad.
Sólo era una niña y a pesar de que gran parte del tiempo se mostraba inocente, no lo era.
-Estoy buscando a alguien.- exclamó Sofía, sin darle mucha importancia.
Realmente, no le importaba mucho ocultar sus verdaderas intenciones y mucho menos a Lara que a pesar de posiblemente tenerle algo de miedo, nunca la iba a traicionar, y en el caso contrario, ya sabía como deshacerse de ella si era necesario.
-¿A quién?- preguntó la sirvienta, con curiosidad.
Ésa niña podía ser una noble, pero... ni siquiera las demás hijas de nobles querían pasar tiempo con ella por su antiguo temperamento.
-¡Agarrenla!
La voz de un hombre se oyó y voltearon para ver como tres hombre tacleaban a una niña sin hogar, con cabello gris, ojos dorados, piel bronceada y una cola como de lobo.
-¡¿Cómo tiene tanta fuerza?!- preguntó uno de los hombres, sosteniendo el brazo izquierdo de la niña con todo su cuerpo, con mucha dificultad.
-A éso.- respondió Sofía, con una leve sonrisa malvada.
Una enorme carta de triunfo de la que antes se deshizo por no serle útil, había sido encontrada.
-Señorita, ésa persona... es una niña bestia, no debe...
-No te preocupes, sé lo que hago, evitó una m*****e y que ésa tonta protagonista se exponga a la luz al correr.- exclamó Sofía mientras se acercaba donde ésa terrible escena ocurría.
Lara, no dijo nada más y confió en la palabra de la señorita, sin pizca de duda.
No entendía muy bien de que hablaba, pero su deber es obedecer y no cuestionar.
Mientras que a la niña bestia, un gran hombre robusto se acercó a ella mientras era contenida.
-Debería acabar con tu vida aquí mismo, sucio animal.- dijo el hombre, agarrando un cuchillo de carnicero.
La de ojos dorados, lejos de asustarse, sonrió, dejando de hacer fuerza para liberarse.
-Alto.
Antes de que algo atroz sea cometido, Lara se metió en el medio, protegiendo a ésa niña.
La gente de alrededor que veía la escena, quedó sorprendida por tal atrevimiento de ésa persona que vestía de sirvienta.
¿Se había vuelto completamente loca?
-La señorita Sofía, quiere a ésa humana bestia.
Digan su precio y la llevamos.- dijo la chica, sin importarle las miradas de los demás.
Órdenes son órdenes y no le importaba la mirada de los demás, tenía una familia en la que pensar y debía obedecer hasta la petición más rara de la señorita.
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Sofía sonreía complacida mientras era llevada en un carruaje de regreso a casa y delante de ella, iba sentada su carta de triunfo, con un chaleco de fuerza y un bozal puesto, mientras la miraba con el ceño fruncido.
-Lara, quitale el chaleco de fuerza.- ordeno la niña, de manera amable.
-Pero señorita, es peligroso.- dijo la sirvienta que iba sentada a lado de su señorita.
Éso era peligroso, ellas no podrían detener jamás a alguien que tres hombres juntos detuvieron con dificultad.
-Obedece.- ordeno la de ojos grises, aún de manera amable.
La ojiverde, no dijo nada más, obedeció y al instante que se deshizo del chaleco de fuerza, ésa niña se quito el bozal de un tirón, como si no fuese nada.
-¿Gustas?- preguntó Sofía, extendiendo una rebanada de pan que compro Lara.
La niña bestia le arrebató la comida y se puso a comer de manera desesperada y salvaje.
-Antes de que huyas tras matarnos o perdonarnos la vida, cosa que veo poco probable, ¿te gustaría hacer un trato conmigo?- preguntó la de ojos grises, inclinandose un poco para ver a su acompañante con una gran sonrisa en su rostro.
-¡Más!- ordeno la niña bestia, habiendo comido todo.
Sofía, le extendió otra rebanada de pan, sin dejar de sonreir.
Ésa niña bestia en verdad era un monstruo desagradable, pero sería su monstruo desagradable, contra cualquier amenaza.
-Puedes venir a vivir a mi enorme casa, tener tu propia habitación, toda la comida que quieras y...
-No soy esclava.- dijo la de cabello gris, con furía.
-Crecer fuerte y saludable para un día, ser la líder de tu pueblo.- continuó hablando Sofía, sin importarle nada.
La niña bestia, salto sobre ella, la sostuvo del hombro y levantó su mano libre, mostrando sus largas uñas que parecían garras.
-¡Señorita!- gritó Lara, asustada, lista para sacrificar su vida.
-Y te puedo enseñar a leer.- finalizó Sofía, sin inmutarse.
Internamente, tenía algo de miedo, pero afortunadamente ya sabía a la perfección como líder con ésa bestia tonta.
-¿Leer?- preguntó la de ojos dorados mientras la sirvienta la agarraba de atrás, alejandola de su señorita.
-Si, me gustaría ser tu amiga.- respondió Sofía, con una gran sonrisa, así como hizo antes para ganar su confianza y luego traicionarla para que Crow Black acabé con ella.
-¡Amiga!
Y sin ningún esfuerzo, ésa niña bestia se liberó del agarré de la sirvienta para abrazar a ésa generosa niña que no la odiaba y hasta correspondía su abrazo sin miedo.
Lara, no pudo hacer nada más que ver ésa escena con miedo hacía Sofía.
Una niña de ocho años, ¿acaba de manipular a una niña bestia con sólo un par de palabras?
La señorita Sofía era aterradora, no sabía que sería de grande y probablemente, no sería nada bueno nunca desafiarla.
Indudablemente la debía obedecer siempre por el bien de su preciada familia y por ser la viva imagen de la única persona que la ayudó cuando todo parecía estar perdida para ella, Erica de Luna, la difunta madre de Sofía.