**SERAPHINA** No respondí de inmediato. Mis pensamientos corrían veloces, tratando de encontrar una salida a este nuevo intento de humillación. Podía sentir cómo Beatriz me observaba, esperando ver algún signo de debilidad, algún indicio de que su presencia me intimidaba. Pero no le daría ese placer. —¿Y si no lo hago? —pregunté al fin, mi voz serena pero cargada de desafío. La pregunta pareció sorprenderlos. Beatriz soltó una risa sarcástica, como si mi resistencia le resultara absurda, mientras Thayer entrecerraba los ojos, evaluándome. No era la reacción que esperaban, y eso me dio una pequeña sensación de triunfo. —No estás en posición de negociar, Seraphina —respondió él con un tono calculado—. Este camerino no te pertenece. Si no lo desocupas por las buenas, encontraremos la form

