**STERLING** Sabía que resistirme a ella era un esfuerzo vano, una batalla perdida antes de empezar. Estaba irremediablemente atraído por su magnetismo, por esa fuerza primigenia que emanaba de su ser y que me hacía sentir vivo, visceral, como si mis sentidos se hubieran despertado por primera vez. Abrí el balcón y el aire fresco y ruidoso de la ciudad invadió la habitación, contrastando con el calor íntimo del interior. Observé la metrópolis despertando: el áspero rugido del tráfico comenzando su marcha, el canto estridente de los pájaros en el parque cercano, el murmullo ascendente de la gente que iniciaba sus vidas. Todo, cada sonido y cada movimiento, parecía insignificante, lejano, comparado con el terremoto emocional que agitaba mi alma. Apoyé las manos en la barandilla de hierro

