THAYER Me enredé con Beatriz casi sin darme cuenta. Su sonrisa, su manera de acercarse con esa seguridad que desarma, me atrapó en un juego del que no supe cómo salir. Ella sabe exactamente lo que hace: seducir al hijo de Sterling es su trofeo, y lo disfruta cada vez que me mira con esa expresión de victoria en los ojos, una chispa que dice “gané”. Pero aunque me dejo llevar por su cercanía, por su cuerpo, por la intensidad de sus gestos, mi orgullo no me permite olvidar a Seraphina. Ella sigue ahí, en mi mente, como una herida abierta que supura veneno cada vez que sonrío. No es solo ella… es la humillación. La humillación cruda de haber perdido ante mi padre, de que Sterling la haya elegido a ella, de que la mera existencia de Seraphina se haya convertido en el centro de nuestras discu

