**SERAPHINA** El día pasó en una especie de neblina de decisiones rápidas y precisas. Primero el vestido. Lo había visto semanas atrás en una boutique exclusiva del centro, un diseño minimalista pero impactante, con un corte que abrazaba cada curva de manera impecable. Me lo probé frente al espejo del probador y supe al instante que era el indicado. Era un vestido que hablaba sin necesidad de palabras. Un vestido que gritaba "aquí estoy" sin levantar la voz. Luego vinieron los tacones, altos y peligrosos, del tipo que te hacen sentir invencible, pero que también te recuerdan que un mal paso podría ser tu perdición. Y finalmente, el perfume. Elegí uno con notas de jazmín y ámbar, un aroma cálido y envolvente que prometía quedarse en la memoria de cualquiera que se acercara lo suficiente.

