𝔸𝕟𝕪𝕒.
🌹🌺🌹🌺🌹🌺🌹🌺🌹🌺🌹🌺🌹
Estaba volando en una nube, en la del amor adolescente. Había dado mi primer beso y había sido con mi amor de muchos años, con Thiago. Así que estaba flotando por el cielo, entre nubes de algodón.
Hasta que lo vi besándose con la sanguijuela de Taylor…
Esa tal Taylor era muy bonita y con un cuerpo despampanante. Me veía a mí y, ni por error, tenía todas esas curvas en mi anatomía. El estómago se me encogió.
¿Pero qué rayos? No estaba compitiendo con ella. Sabía desde siempre que Thiago me quería a mí. No tenía dudas. O eso quería creer.
Así que me quitaría de la cabeza todas esas inseguridades que generaba en mí esa chica. Respiré hondo.
Cuando llegué a la camioneta, donde ya nos esperaba Martín para llevarnos a casa, vi a Thiago hablando muy serio con Taylor. Sentí un poco de celos, un aguijón en el pecho, pero no hice ni dije nada. Me mordí el labio.
Desde la camioneta vi cómo ella se fue molesta, azotando los pies contra el pavimento. Seguramente ya le había dicho Thiago que no quería nada con ella.
Y sí, me alegró mucho que hiciera eso. Una sonrisa tonta se me escapó.
Tardó un poco en subir a la camioneta. Lo estaba observando detenidamente cuando me mandó un mensaje.
"Ya aclaré las cosas con Taylor. Ya no tienes que preocuparte de nada. Solo somos tú y yo".
Tqm❤
Sonreí como boba al ver su mensaje. El corazón me dio un vuelco. Estaba confirmado: mis sospechas eran ciertas. Él era mío.
Llegó a la camioneta. Martín estaba distraído con el radio, así que Thiago me sonrió desde que me vio. Esos ojos color miel me desarmaron.
Se sentó a mi lado y comenzó a juguetear con su pie para molestarme, rozando mi tenis bajo el asiento. Lo volteé a ver y el muy atrevido me dio un beso de piquito. Lo bueno que Martín estaba volteado. Negué con la cabeza porque era muy arriesgado lo que hacía. Pero no pude evitar sonreír.
Llegó Matías y ya no hicimos nada, obviamente. De hecho, ellos iban platicando sus cosas de fútbol y videojuegos.
Llegamos a casa. William estaba en la entrada, esperándonos. Tenía el ceño fruncido.
—Hola, chicos —nos saludó como siempre, pero le habló directo a su hijo—. Thiago, ven. Tenemos que hablar.
Vi a Thiago. Solo asintió con la cabeza y siguió a su papá. Se me hizo un nudo en la garganta.
Matías me iba molestando al subir las escaleras, como siempre, empujándome con el hombro. Me fui a mi habitación. Estaba un poco ansiosa de saber qué estaba pasando ahora. ¿Qué pasara?.
Intenté distraerme con un libro, pero era mucha mi ansiedad. Me tiré a mi cama y recordé el beso que nos dimos en la escuela. Bueno, los besos, que habían sido increíbles. No entendí cómo le había hecho, pero por inercia supe cómo besarlo. Digo, nunca jamás había practicado. Supongo que cuando es lo que quieres y con la persona indicada, sabes perfectamente qué hacer.
Me sonrojé solo de pensarlo. Sonreí con vergüenza y alegría también. Estaba recordando nuestro beso, tocando mis labios con gusto, reviviendo la presión de su boca, cuando escuché a alguien llamando a mi puerta. De inmediato me sacó del sueño. Así que me levanté rápido, con el corazón acelerado.
Abrí y ahí estaba Thiago. Se metió sigilosamente, mirando a ambos lados del pasillo como un ladrón.
En cuanto entró, me tomó entre sus brazos y nos besamos. Sabíamos que era una hazaña y que no debíamos hacer eso en mi habitación, pero era imposible detenernos. El cuarto olía a mi perfume y a peligro.
Habíamos esperado mucho tiempo. Solo queríamos estar juntos. Yo quería muchísimo a Thiago, con todo mi corazón. No podía ya ignorarlo u ocultarlo más.
—Te amo —me dijo Thiago en medio de la efusividad del beso—. Te amo, te amo.
Tal vez era muy pronto para decir algo así, pero en realidad así lo sentíamos. Era real, ese amor nos quemaba por dentro.
—Yo también te amo… —sonreí y lo abracé, escondiendo la cara en su pecho. Olía a él.
Nos quedamos al lado de la entrada de mi habitación, besándonos, cuando mi mamá llamó a la puerta. El golpe nos cayó como un balde de agua fría.
Nos espantamos muchísimo. Sentí mucho miedo de que nos encontrara solos en mi habitación. Se me heló la sangre.
—¿Anya? —dijo mamá del otro lado.
—Sí… —le hacía señas a Thiago para que guardara silencio. Él tenía los ojos como platos—. Hija, tengo que hablar contigo. ¿Puedo pasar?
Ambos nos quedamos sorprendidos. Thiago corrió a mi clóset a esconderse, tropezándose con mis zapatos. Me acomodé el cabello y mi ropa para abrirle a mi mamá. El corazón me iba a salir por la boca.
—¿Qué pasó, mamá?
—¿Cómo estás? —entró directo a mi cama para sentarse. La colcha aún estaba tibia.
—Bien… ¿por? —traté de sonar normal.
—Anya, no hemos podido platicar bien de lo que pasó en la dichosa fiesta esa donde, según, Thiago te invitó.
—Mamá, no pasó nada.
—¿Por qué fuiste con él? Estaban muy distanciados. ¿Qué cambió?
—Nada, mamá… yo solo intento llevarme bien con él —mentí, y la culpa me arañó la garganta.
—¿Te sirvió de algo poner esa distancia entre él y tú?
—Creo que no… —me senté al lado de mi mamá, sin poder mirarla.
—¿Te la estás pasando mal? ¿Por eso fuiste a esa fiesta con él?
—Mamá, la verdad yo no fui con él. Thiago se culpó, pero en realidad él solo fue por mí. Estúpidamente quería ser diferente y me fui a esa fiesta. Thiago solo fue a buscarme.
—Anya… ¿y dejaste que William le diera esa cachetada sin tener nada que ver? —su voz se quebró.
—Ya sé… estuvo muy mal, pero William no nos dio tiempo a nada… pero ya me disculpé con Thiago.
—Dios… —mi mamá caminó angustiada por la habitación, retorciéndose las manos—. Qué pesar con Thiago.
—Mamá, ya está todo bien, no te angusties. Thiago y yo estamos bien. Me disculpé muchas veces.
—Voy a hablar con él —mi mamá se dirigió a la puerta, con intención de ir con Thiago.
—¡Nooo!… —por inercia grité, lo que sorprendió a mi mamá. El pánico me subió a la cara—. Creo que no está. Yo vi que salió.
—¿Estás segura?
—Creo que sí…
—De cualquier manera, veré si puedo hablar con él.
Mamá salió. De inmediato yo cerré la puerta con seguro. Salió Thiago de su escondite con una sonrisa nerviosa.
Ambos nos reímos en silencio porque nos estábamos portando muy mal. Nos tapábamos la boca para no hacer ruido.
Una vez más nos besamos. Es que no podíamos parar. Era una sensación súper linda y bonita la que sentía cada que me besaba. Mariposas, fuegos artificiales, todo eso era real.
Terminamos sentados en la alfombra. Él tenía sus pies en flor de loto y yo recargué mi cabeza en sus piernas mientras me acariciaba el rostro y peinaba mi cabello con su mano, muy delicadamente. Sus dedos eran cálidos.
Le dije que tenía miedo a lo que estaba pasando. El techo daba vueltas.
—Tengo miedo…
—¿De qué, pulguita? —me acomodé de tal manera que quedé boca arriba para verlo bien. Sus ojos me calmaban y me alteraban a la vez.
—Si nuestros papás se enteran… ¿Crees que nos digan algo?
—No te preocupes por eso… —se agachó y me dio un beso en la frente. Jugueteaba con su mano en mi cabello mientras él me veía con sus ojos hermosos y lindos—. -Matías… se va a poner loco.
—Ya deja ese tema. No se va a poner loco, no tengas miedo —entrelazamos nuestras manos. Nos besamos. Estábamos muy enamorados. Y aterrados.
✨✨✨
Varios meses después…⏳⏳⏳
Thiago y yo comenzamos una relación a escondidas. Ni siquiera a nuestros amigos les dijimos. Estábamos seguros de que nadie se iba a dar cuenta o notar nada.
Seguimos como siempre ante todos los demás: yo con mi indiferencia y él como si no le importara. Ahora me daba cuenta de que siempre fingió que no le importaba mi actitud. Qué buenos actores éramos.
Pero nos abrazábamos cada que podíamos. Si entraba a un salón, él ya estaba ahí y me besaba rápido para después irse a toda prisa. Mi corazón se quedaba latiendo en la puerta.
Regresó a jugar básquet en el colegio. Cada que iba a entrenar, yo llegaba temprano para verlo y así besarnos. El olor a gimnasio y a sudor se volvió mi favorito.
En los casilleros de los jugadores me metía de contrabando solo para robarle besos. El metal estaba frío, pero sus labios quemaban.
Estaba haciendo cosas que nunca imaginé, y solo para estar con él. Hasta ahora nadie se había dado cuenta de nuestra relación.
Me resultaba emocionante tener la adrenalina a full cada vez que nos besábamos en cualquier rincón de la casa. Era tan enorme y tenía tantas habitaciones que nadie se daba cuenta. La biblioteca, el cuarto de lavado, la escalera trasera… todos eran nuestros.
Los besos inocentes, castos y puros escalaron a besos candentes y con ganas de más. Así que ahora nuestros besos eran más intensos, más llenos de pasión. Me dejaban sin aire, con las piernas temblando.
De los besos candentes, pasamos a las caricias. Estaba experimentando sensaciones que no conocía, que jamás había sentido. Un calor que me subía desde el estómago hasta la nuca.
Solo con un beso de Thiago yo sentía muchas cosas, y era obvio que él también. Su respiración se agitaba contra mi cuello.
Sentir todas esas emociones era magia pura para nosotros. Era lo más hermoso que habíamos vivido hasta ahora.
Y que todo fuera con él para mí valía mucho más. Porque era mi primer amor y mi primer novio.
Con los demás sabíamos disimular muy bien. O por lo menos eso creíamos, porque en varias ocasiones que nos estábamos besando y acariciando nos alejábamos de prisa cuando llegaba la servidumbre, mi mamá, William y hasta Matías. Jugábamos con fuego. Y nos encantaba.
Desde que comencé mi relación secreta con mi adorado Thiago, puse más empeño en mi arreglo personal. No es como que nunca me arreglara, pero ahora quería verme más linda para él. Me probaba tres blusas antes de salir.
Lo admito: quería que me acariciara cada día, en todo momento. Era mi primer novio, la única relación que había tenido. Mi primer beso, mi primera ilusión.
Una mañana de sábado estábamos todos desayunando, como ya no lo hacíamos desde hace mucho. La mesa estaba llena, el sol entraba por el ventanal.
—¿Qué les parece si vamos de vacaciones a un lugar bonito? —dijo William, entusiasmado. Las vacaciones de verano se acercaban. Era casi final del curso. Thiago y Matías entrarían a la universidad.
—Estaría muy bien, así podemos celebrar la graduación de los chicos —mamá y William eran una pareja linda. Se apoyaban en todo.
Los veía tan felices que de pronto sentía culpa por lo que hacía con Thiago. Es que podíamos echarles a perder su matrimonio. El café me supo amargo.
Me sentía otra totalmente. Ya no era esa niña inocente y ñoña que mi mamá seguía creyendo que era. Ahora andaba con mi hermanastro en una relación secreta. La palabra me quemaba.
—¡Me encantaría! —contestó Matías, emocionado—. Estaría bien que nos dejaran hacer una fiesta por la graduación. ¿Verdad, Thiago?
—Sí… claro —Thiago y yo evitábamos mirarnos enfrente de ellos. Lo que no sabíamos es que era muy exagerada la distancia que dábamos a notar. Parecíamos extraños.
—¿Tú qué dices, Anya? —me preguntó William, mirándome a los ojos.
—Está bien… me debo ir… —empujé el plato.
—Pero termina de desayunar, cariño. Últimamente no has comido bien. Has adelgazado mucho —dijo mamá, preocupada.
—Mamá… —le dije, avergonzada. Sentí todas las miradas encima.
—Es que está enamorada, mamá —dijo de pronto Matías. Abrí los ojos descomunalmente y a Thiago se le atoró la comida. Tosió. El jugo casi se me cae.
—Matías… —mamá lo vio molesta—. No molestes a tu hermana.
—Ay, mamá, es broma —se encogió de hombros—. Yo también debo salir, voy a ir con Laia al cine.
Matías se despidió de todos para ir a su habitación.
Yo subí por mi bolso, para salir, porque en realidad había quedado con Thiago. Íbamos a ir juntos a pasear por ahí, pero lejos de casa, porque nos podía ver alguien conocido.
Cuando salí y me despedí, todavía estaba Thiago en el comedor con mi mamá y su papá. Me miró de reojo, y yo le sonreí apenas.
Tomé un taxi y fui al lugar donde me había quedado de ver con él: una plaza comercial donde había toda clase de tiendas y comercios. El ruido, la gente, los aparadores… todo me parecía brillante.
Esperé más de la cuenta. Estaba a punto de llamarlo cuando alguien me abrazó por detrás, tomándome de la cintura. Su olor me llegó antes de verlo.
Me giré porque era mi amado Thiago.
—Hola, mi amor —me dijo, todo tierno y hermoso. Tenía el cabello revuelto.
—Te esperé mucho…
—Perdón, perdón —dejó muchos besos por todo mi rostro: frente, nariz, mejillas—. Perdón, mi amor. Papá comenzó a platicar de algunos asuntos de la herencia de mamá y me entretuve.
—Bueno… te perdono —no pude enojarme.
Thiago me tomó de la cintura y comenzó a besarme. Después me tomó de la mano y fuimos a comprar un helado. El suyo de chocolate, el mío de fresa.
Pasamos por las tiendas para comprar cualquier cosa. Una pulsera, unos lentes. No importaba qué.
Por un día estábamos disfrutando de nuestra relación como cualquier pareja normal de chicos enamorados. De esas historias lindas del primer amor, de las que era fan desde niña.
Y por un día, no tuvimos miedo.