𝔸𝕟𝕪𝕒.
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Una nueva aventura, un nuevo ciclo escolar. Mi primer año de prepa. La etapa más bonita, según los adultos.
En los últimos años me alejé mucho de Thiago. Enterré en mi corazón lo que pude haber sentido por él en algún momento… o eso creía, hasta que…
—Hola, Anya —llegó Noah conmigo, muy serio. Tenía ojeras y el gesto apagado.
—¿Qué te pasa? —le pregunté.
Estábamos sentados en un jardín trasero del colegio, uno de tantos que tiene. El pasto olía a tierra húmeda y se escuchaban los gritos lejanos de los de segundo jugando fútbol. Noah lleva días extraño. Cuando salimos de vacaciones al final del ciclo, casi no estuvo muy activo en sus redes. Nada. Y él vive publicando todo lo que hace.
—Nada… unas cositas, nada más —me dijo, bastante cabizbajo, pateando una piedrita.
—¿Estás seguro? Te veo mal desde hace días. Incluso no estuviste muy activo en tus r************* , tú que te la vives publicando todo lo que haces.
Mi amigo me ve a los ojos y estoy segura de que algo me quiere decir. Su mirada está cargada, como si le pesara la lengua. Lo miro esperando alguna respuesta de su parte, pero no hay nada. Solo silencio y el sonido de las chicharras.
Me tengo que ir, ya que suena el timbre que indica que debemos estar en el salón. Un timbrazo largo que retumba.
—Te veo en la cafe, tengo algo que contarte. Te aviso si puedo ir, ¿vale? —dice, levantándose de golpe.
—Vale…
Se despide de prisa. Lo veo desaparecer entre la multitud de uniformes azul marino. Suspiro profundamente y sigo mi camino entre los pasillos de la escuela, donde hay muchos chicos esperando entrar a sus clases. El calor ya pega fuerte, incluso a las 8 de la mañana.
Mi primera clase es Literatura, una de mis favoritas. Camino entre tantos estudiantes que se arremolinan en cada nuevo ciclo escolar, más con los de nuevo ingreso que andamos un poco perdidos, mirando los mapas pegados en los muros.
Lo bueno de tener a mi amigo en segundo es que me enseñó cada rincón del colegio: los atajos, el baño que siempre está vacío, la banca donde no pega el sol.
Mi salón no está muy lejos, así que corto camino si me voy por el área de los de quinto semestre. El pasillo huele a pintura fresca y a desinfectante.
En el camino me topo con Ean, quien me abraza efusivo. Su suéter huele a suavizante.
Thiago y Matías se quedaron en el mismo salón desde primero. Por lo tanto, Ean ahora está solo. Bueno, así se dice, aunque en realidad no es para tanto.
—¡Hola, Any! —me aprieta.
—Hola… —sonrío.
Lleva a su novia de la mano, Romina. Una niña dulce y tierna como él. Andan desde el primer semestre de prepa y se quieren mucho. Se nota en cómo se miran, como si el resto del mundo no existiera.
—Hola, Anya —me dice ella, seguida de una sonrisa que le hace hoyuelos.
—¿Cómo están mis amigos favoritos?
Me alegró tanto que Ean y Romina se hicieran novios porque así no estuvo solo en su primer año, ya que mi hermano y Thiago estaban más unidos. No solo vivían bajo el mismo techo, sino que iban en el mismo salón. Eran inseparables.
—Tenemos una clase libre y vamos a ir a la biblioteca para adelantar tarea —dice Ean, acomodándose los lentes.
—Ay, tú tan matadito —le digo en tono de burla para molestarlo.
—Son iguales, no lo critiques —me dice Romina, mirando a Ean con esos ojos de amor que solo ella tiene para él.
—Tienes razón —la señalo con mi dedo índice, entrecerrando los ojos, y nos reímos.
—¿Tienes clase?
—Sí… ya voy tarde.
Miro mi reloj, me despido rápido y camino a toda prisa. Los tenis me rechinan en el piso encerado.
En el camino escucho cómo un grupo de chicos está jugando a la botella. El típico juego que cuando eres niña te emociona porque siempre está el que te gusta. Nunca lo viví, pero veía a mis amigas gritar de emoción cuando lo jugaban. Los veo de reojo y sonrío. Sin ver al frente, choco con alguien que justo va saliendo de su salón. El golpe me saca el aire.
—¡Perdón, perdón!… —entre risas, el chico se disculpa conmigo. Huele a loción cara. Le sonrío de medio lado y sigo mi camino. Mi rostro está rojo de vergüenza, seguramente.
El chico me alcanza casi al dar la vuelta en el edificio, tomando mi hombro. Volteo sin entender y lo veo enfrente de mí. Tiene una sonrisa ladeada.
—Oye, disculpa por haber chocado contigo.
—Ah… no te preocupes, no fue nada.
Quiero seguir mi camino, pero me detiene del brazo con un gesto de no entender, seguido de una sonrisa. Sus dedos están tibios.
—¿Por qué tanta prisa?
—Eh… discúlpame, voy tarde a mi clase.
—¿Cómo te llamas? —me dice levantando una ceja y sonriendo al mismo tiempo.
Les soy muy sincera: es muy guapo, de verdad que sí… Alto, muy alto. Cuerpo delgado, no de atleta, pero bien. Cabello n***o peinado de lado con un ligero copete despeinado. Ojos grandes con pestañas envidiables para algunas chicas.
—Anya… —le respondo como si nada, aunque el corazón me late raro.
Me sonríe y enseguida saca su celular. Me mira a los ojos y, con gesto coqueto, me pide mi número.
—¿Me pasas tu número? Me encantaría invitarte a algún lugar…
De mí sale una risa nerviosa. Niego con la cabeza y veo a mi alrededor. El pasillo de pronto se siente muy angosto.
—En serio debo irme —doy media vuelta y sigo mi camino. Volteo a ver al chico. Con la mano me dice adiós mientras me guiña el ojo.
Sonrío ante su atrevimiento. Me causa gracia que así, sin más, se lanzara a invitarme a salir.
Cuando estoy a una vuelta de mi salón, veo a mi hermano con la bolita de amigos que tiene. Las risas, los empujones. Y mi mirada se clava en alguien en especial: Thiago.
Está jugando, o eso parece, con una chica que le está agarrando las manos. Él le sonríe muy alegre, echando la cabeza hacia atrás. Siento un ligero golpe en mi estómago. Como si me hubieran empujado.
No me doy cuenta, pero me he quedado detenida viendo la escena. El aire se me vuelve espeso. Cuando de pronto, la mirada de Thiago se cruza con la mía. Me pongo nerviosa inmediatamente. Un calor me sube por el cuello.
Y eso me pasa cada que me mira, cada que se cruza en mi camino. Aunque es imposible evitarlo porque vivimos en la misma casa. Me he sabido escabullir cada que puedo, intentando por todos los medios no estar cerca de él si no es necesario.
Agacho la mirada y sigo mi camino, pero la mirada de él está clavada en mí. La siento. Me quema la nuca.
Entro a mi salón y ya varios llegaron. Me quedo pensativa en mi lugar… trato de calmar esto que siento. El pecho me aprieta. Llega la profesora y da su clase. Aunque amo esta materia, no me va bien, ya que solo estoy pensando en él. En su risa. En cómo le agarraba las manos a esa chica.
Ya es mediodía. Mis primeras clases se pasan rápido. Estoy en mi descanso, sentada enfrente de la biblioteca. Las bancas de cemento están calientes por el sol.
No soy de hacer muchas amigas. Me acostumbré a estar solo con hombres, así que me cuesta un poquito socializar con las chicas. A excepción de Romina. Ella es una linda amiga, pero es de Ean. No se la puedo quitar.
Son la pareja más tierna y linda que nunca he visto. Se apoyan en todo y se ve que se aman mucho. Es su primera relación para ambos. Tal vez eso sea lo que les ha ayudado a seguir juntos dos años completos y van para el tercero: toda la prepa.
Noah no ha tenido una novia formal como su hermano. Anda con una y con otra, el muy cabeza dura. No es como que las engañe o algo así, no. Él es coqueto y a las chicas eso les encanta. Les regala esa sonrisa y caen.
Matías andaba detrás de una chica que nunca le quiso hacer caso. No hasta que un día comenzó a salir con él. Lo último que supe es que sí andan quedando… pero, novios no son. Él se hace el desinteresado, pero lo veo revisando el celular a cada rato.
Todos los chicos se pusieron muy guapos, hasta mi hermano, no lo voy a negar. Muchas quieren con ellos desde el primer año que entraron a la prepa. Cuando se les unió Noah, eran los más populares. Los conocían como _los cuatro fantásticos_.
Pasaron de moda un poco ya que Ean comenzó su relación con Romina. Los amigos se separaron debido a que Ean estaba en un salón diferente.
Y hasta donde sé, Thiago no ha tenido una relación formal con alguna chica. Aunque no dudo que ya se haya besado con alguien. Por favor, ya está grande y es demasiado popular con ellas, las cuales son muy lanzadas, por cierto. Lo ven y se le tiran encima.
Y yo… bueno, tampoco he tenido ningún novio. Vamos, ni siquiera pretendientes. Creo que se asustan cuando saben que mi hermano es Matías. Huyen sin mirarme… o eso creo. Tal vez es mi consuelo para no aceptar que soy cero popular entre los chicos. Tampoco es que me interese tanto. La verdad me da totalmente lo mismo. O eso me digo.
—¡Hola, hola! —una voz desconocida me saca de mis pensamientos.
Volteo y es el mismo chico de la mañana. El del pasillo.
Sonrío de verlo ahí. Se sienta a mi lado, en la banca caliente. Me extiende su mano para presentarse.
—Hola, Anya. Soy Tristán, por cierto. En la mañana no te pude ni decir mi nombre. Corriste muy de prisa.
—Eh… —le doy mi mano por educación, mientras me ve directo a los ojos, lo que hace que me avergüence mucho. Sus ojos son color miel—. Mucho gusto.
—No te pongas nerviosa, Anya… —me aprieta ligeramente la mejilla, lo que provoca que me haga para atrás por inercia—. Perdón si te molesto.
—No me molestas… —me río con vergüenza porque es un atrevido—. Solo me da risa que no me conozcas y estés aquí.
—Ah, bueno, eso lo podemos solucionar. Ya sabemos nuestros nombres, y para dejar de ser desconocidos vamos a salir. ¿Qué te parece?
—No puedo… tengo muchas clases extras y actividades en casa.
—Ah, mira, que eres una matadita.
—No, para nada.
—Pues mira, ya nos conocemos. Te invito un helado.
—No… —me dio mucha gracia lo que me decía el chico. No me resultó molesto, menos impertinente en ningún momento—. Pero muchas gracias.
Estaba haciéndome reír cuando pasaron Matías con Thiago por ahí.
Vieron a Tristán conmigo. Yo seguía riendo, pero se terminó mi alegría cuando vi la mirada juzgadora de Thiago y una muy molesta de Matías. Me chocaba que me molestaran cuando platicaba con cualquier chico.
—Anya… —me dijo con ese gesto que hace Matías cuando me ve cerca de un amigo—. ¿Quién es él?
Puse los ojos en blanco y miré a otro lado. Tristán me vio confundido.
—Tristán, él es mi hermano —dije sin ganas de nada.
Tristán se levantó y saludó a un Matías muy molesto.
—¡Hola, mucho gusto!
Tristán vio a ambos con una sonrisa. Thiago levantó la ceja, mirándolo con desprecio. Como si fuera un insecto.
—Me alcanzas… —dijo Thiago a mi hermano, ignorando épicamente a Tristán, dejándolo con la mano estirada. Le dio un ligero golpe a Matías en el hombro y dio media vuelta para retirarse.
Lo vi marcharse mientras Tristán algo le estaba diciendo a Matías, quien seguía con la cara más enfadosa. Thiago volteó y sus ojos se clavaron en los míos. Un segundo. Dos. Fríos.
Pero de inmediato bajó la mirada, volteando a otro lado.
Nunca quité mi vista de él. Vi cuando llegó la chica de la mañana. Lo abrazó del cuello y le dio un beso en la boca. Un beso corto, pero en la boca.
Sentí horrible. Mi corazón comenzó a latir muy rápido, desbocado. Un nudo en mi garganta se formó de inmediato. Tragué saliva y me fui de ahí a toda prisa. El sol me pegaba en la cara, pero yo sentía frío.
Escuché la voz de mi hermano cuando me gritó, pero no volteé. Seguí caminando sin rumbo. Las lágrimas estaban a nada de salirse, picándome los ojos.
Era la primera vez que veía a una chica con Thiago y eso me estaba doliendo demasiado. Más de lo que quería admitir. Nunca imaginé que este momento llegara. Y cuando llegó, me rompió algo por dentro.