—Pocas veces he estado inseguro sobre mis decisiones, no mentiras, casi siempre, solo que ahora no tengo ni idea de cómo procederemos; al parecer ya no tenemos enemigos, quién sabe los ocultos. —Estiben, debes de ingeniarte algo, no puedes ocultar estos crímenes para siempre y entre más te demores, peor será. —Yací, amor, he pensado en disecarlos para utilizarlos como marionetas, hasta que nos den los títulos. —No creo, ya deben de estar pudriéndose; lo complejo es que ya se escuchan rumores de que es mentira lo de su enfermedad. —Amor, trata de sortearte esto, finge ser la primera dama, mientras tanto. —¿Mientras qué? Es que a cualquiera se le haría raro que Pólux y el vicepresidente no den la cara. —Ya lo sé, mi amada doctora, haremos una cortina de humo y cuando la opinión pública

