Pasaron un par de días dónde la rutina se repetía. Sexo, limpieza, comida y más sexo. Y cada vez faltaba menos para que llegara el día en que se separarían y aunque él tenía poca conciencia del tiempo pasado allí, ella temía lo que Tom pudiese hacer con Kyle una vez que considerara, junto a su padre, que ella ya había recibido lo suficiente de su simiente. Así que ese día puntualmente, luego de darle de comer, ella había agarrado un bowl lleno de uvas que llevó a la habitación del sótano junto con la bandeja. —¿Esas uvas son importadas??? — preguntó él con curiosidad pues le parecía que eran de sus preferidas. Ella rio, con una risa musical que lo dejó mirándola cómo idiota. Ella llevaba puesta una camiseta minúscula de Mickey y un short de jean que dejaba al aire los cachetes de su p

