Amelia se despertó temprano al día siguiente, sintiéndose un poco cansada por la noche anterior, pero ansiosa por cuidar a Marco. Se levantó de la cama y se dirigió a la habitación de invitados, donde había dejado a Marco la noche anterior.
Al abrir la puerta, encontró a Marco todavía dormido, con una expresión tranquila en su rostro. Se acercó con cautela, tratando de no despertarlo, y comenzó a inspeccionar sus heridas. A medida que lo atendía, comenzó a notar detalles que antes no había notado. Había una fuerza en él, una determinación que no había visto en otras personas. A pesar de su condición, Marco mantenía una actitud estoica, como si estuviera acostumbrado a lidiar con el dolor.
De repente, Amelia notó algo extraño en la chaqueta de Marco. Se veía rígida, como si hubiera algo dentro de ella. Curiosa, se acercó y lo abrió, encontrando una pistola y varias tarjetas de identificación falsas.
Amelia se quedó en shock. ¿Quién era este hombre? ¿Por qué estaba llevando consigo una pistola y tarjetas de identificación falsas?
"¿Qué es esto?", preguntó Amelia, señalando las tarjetas de identificación y la pistola.
Marco no respondió. Amelia podía ver la tensión en su cuerpo y supo que había tocado un tema delicado. Sin embargo, ella no estaba dispuesta a dejar el asunto pasar.
"¿Qué está pasando?", preguntó Amelia de nuevo.
Marco suspiró y finalmente habló. "Soy m*****o de la mafia", dijo con una voz sombría.
Amelia se quedó sin aliento. ¿Cómo había llegado a estar tan cerca de alguien tan peligroso? Pero a pesar de todo, algo en Marco la atraía. Era como si hubiera un aura de peligro a su alrededor que la hacía querer más.
"¿Por qué me lo estás diciendo?", preguntó Amelia.
"Porque necesito que sepas que eres peligroso para ti", respondió Marco. "No quiero arrastrarte a este mundo oscuro".
Amelia tomó un botiquín de primeros auxilios y comenzó a limpiar y curar las heridas de Marco. A medida que lo hacía, notó que su respiración se hacía más pesada y su piel se enrojecía ligeramente. Sabía que Marco estaba experimentando un gran dolor, pero se sorprendió al ver que él no se quejaba en lo absoluto.
Después de terminar de curar sus heridas, Amelia se sentó en el borde de la cama y él se sentó lentamente y se encontró con la mirada de Amelia.
"¿Cómo te sientes?", preguntó Amelia suavemente.
"Mejor, gracias a ti", respondió Marco con una sonrisa débil.
Amelia sonrió también y se levantó para buscar algo de desayuno. Mientras preparaba la comida, notó que Marco se movía con dificultad en la cama. Se acercó a él y le preguntó si necesitaba ayuda para sentarse.
"No, estoy bien, gracias", respondió Marco mientras se incorporaba.
Amelia lo observó mientras comía, notando que él parecía un poco nervioso y distraído. Decidió que era un buen momento para preguntarle más sobre él.
"¿De dónde eres?", preguntó Amelia.
Marco se tensó un poco ante la pregunta, pero luego suspiró y respondió:
"Soy de la ciudad. Pero no es un lugar seguro para estar en estos días".
Amelia notó que Marco estaba evadiendo la pregunta, pero decidió no presionarlo. En su lugar, decidió contarle más sobre ella misma.
"Soy una estudiante de la universidad local. Estudio biología", dijo Amelia con una sonrisa.
Marco asintió con la cabeza, pero se mantuvo en silencio. Amelia notó que él parecía más nervioso y decidió no hacerle más preguntas.
La mañana pasó sin mayores problemas y Amelia comenzó a sentirse más cómoda con Marco. A pesar de sus diferencias, habían encontrado una conexión mutua que era difícil de ignorar. Pero todo cambió cuando Marco recibió una llamada telefónica.
Amelia estaba en la cocina cuando escuchó la voz de Marco al otro lado de la habitación. A medida que hablaba, notó que su voz se hacía más tensa y preocupada. Cuando colgó el teléfono, Amelia notó que su expresión había cambiado por completo.
"¿Estás bien?", preguntó Amelia, preocupada.
"No, no lo estoy. Tengo que irme", respondió Marco con urgencia mientras se levantaba de la cama y comenzaba a empacar sus cosas.
"¿A dónde vas?", preguntó Amelia, tratando de entender la situación.
"No puedo decírtelo. Es mejor que no lo sepas", respondió Marco mientras continuaba empacando.
Amelia sabía que había algo más detrás de la respuesta de Marco, pero decidió no presionarlo más. Sabía que él estaba en peligro y que necesitaba irse lo antes posible.
"Está bien, te ayudaré a salir de aquí", dijo Amelia mientras lo ayudaba a empacar.
Juntos, salieron del apartamento de Amelia y se dirigieron a la moto de Marco. Mientras él se subía, Amelia lo observaba con tristeza. Sabía que tenía sentimientos encontrados sobre él, pero también sabía que lo mejor era dejarlo ir.
"Ten cuidado, Marco", dijo Amelia mientras lo observaba alejarse.
Marco se giró para mirarla por última vez y luego aceleró, desapareciendo en la distancia. Amelia se quedó sola en la calle, preguntándose qué había pasado y si volvería a ver a Marco alguna vez.
El resto del día pasó en un torbellino de emociones para Amelia. Trataba de procesar lo que había aprendido sobre Marco, pero no podía sacarlo de su mente. Sabía que había algo en él que la atraía, algo peligroso y emocionante que la hacía querer más.
Esa noche, Amelia se acostó en su cama, tratando de conciliar el sueño. Pero no importaba lo que hiciera, no podía sacar a Marco de su mente. Sabía que era peligroso y que debería mantenerse alejada, pero algo en ella le decía que no podía.
Con el tiempo, Amelia se daría cuenta de que su encuentro con Marco había cambiado su vida para siempre. Nunca volvería a ser la misma persona que era antes y nunca se arrepentiría de haber conocido al peligroso motociclista.