Orión Había terminado de registrar toda la casa de la manada. Mis sentidos de lobo estaban alertas mientras olfateaba cada rincón, escudriñando con la vista y escuchando atentamente. Tenía la confianza de que los intrusos no habían llegado tan dentro del territorio como para llegar a la ciudad, pero tenía que estar seguro. Los enlaces con la mayoría de las personas de la manada llegaban, informando que no habían encontrado nada en sus hogares y algunos espacios públicos. Un suspiro de alivio escapó de mis labios, y una sensación de calma se apoderó de mí. Estaba en mi oficina, sentado en mi escritorio, revisando nuevamente las carpetas confiscadas del auto y la información que tenía sobre el cuerpo de la chica en el bosque. La sensación de inquietud persistía, y mi mirada se centró en l

