No puedo creer lo que veo. Al final, mamá siempre tuvo la razón. No está desquiciada; mi padre sigue siendo un infiel. No es que sea la primera vez; pero nunca había estado tan cerca de la evidencia. Y jamás creí que fuese tan descarado al mostrarse con sus amantes en público. Quiero decir… ¿eso como nos deja a mi madre y a mí? Esta ciudad es un pañuelo. Siento las ganas de llorar acumulándose en mi garganta, y supongo que papá presiente mi mirada porque voltea, palideciendo en el instante en el que se da cuenta de mi presencia. Hacemos contacto visual. —Ellie… —musita, pero me voy corriendo antes de que pueda decirme algo más. Me monto en un taxi con los ojos nublados, obligándome, por más ganas que tenga, a no llorar. Ya he llorado en un taxi, y esta vez me rehuso. —¿A dónde

