Al día siguiente, las cosas no se habían solucionado en absoluto; al contrario, todo había empeorado de forma alarmante y casi coordinada. Las cancelaciones de contratos seguían llegando en cascada, los proveedores retrasaban envíos sin explicación, los accionistas mayores exigían reuniones, y los rumores en los pasillos de la empresa se multiplicaban como un virus imposible de contener. El ambiente en la corporación era denso, cargado de ansiedad y desconfianza; los empleados caminaban con la cabeza gacha, evitando miradas, mientras los teléfonos no dejaban de sonar con malas noticias. Sin embargo, Burak parecía no estar preocupado en absoluto, o al menos eso proyectaba hacia el exterior con una calma que rayaba en lo inquietante. Su rostro mantenía esa serenidad casi sobrenatural

