El alma le regresó al cuerpo a Esra cuando vio la figura pequeña y familiar atravesar la puerta del despacho, iluminada por el tenue resplandor de la lámpara de escritorio. El corazón que había estado latiendo con fuerza por el susto se calmó de inmediato al reconocer a Ismail. —Ismail —musitó ella con voz suave y llena de sorpresa, mientras una sonrisa involuntaria se dibujaba en sus labios. El niño corrió hacia ella con los brazos extendidos, sus pijamas de algodón con estampados de estrellas, y se lanzó directamente a sus piernas. —Mamá, ¿no puedes dormir igual? —preguntó con esa inocencia que siempre lograba ablandar incluso los muros más altos que Esra había construido alrededor de su corazón. Esra lo tomó en sus piernas con delicadeza, lo abrazó con fuerza contra su pecho sinti

