Ekrem había buscado a Esra desde el mismo día que la vio desaparecer en ese auto con Burak. No podía dormir sin pensar en esos ojos llenos de tristeza, en la forma en que ella escondía las manos como si el mundo entero le pesara en los dedos. Había prometido hallarla. No fue fácil encontrar su vivienda. Pasaron días hasta que, finalmente, la encontró. Fue a visitarla esperando poder hablar. Tocó la puerta y cuando abrió, Ekrem contuvo la respiración, su corazón golpeando tan fuerte que sintió que iba a romperle las costillas. Pero no fue Esra quien apareció. Ante él estaba Burak. El hombre tenía la mirada sombría, una de esas miradas que no necesitan palabras para comunicar odio. Su cuerpo, fuerte, bloqueaba la entrada como una muralla. Había algo en su presencia que hacía retroceder inc

