Capítulo 22

2273 Words

Esra regresó al día siguiente con un frasco entre las manos, un pequeño recipiente de cristal que parecía temblar junto con sus dedos. El amanecer era gris, casi inmóvil, y el viento llevaba el olor del hollín y del silencio, ese silencio denso que queda después de una tragedia. Caminaba despacio. Mientras caminaba, sus labios temblaban. Murmuraba el nombre que había soñado ponerle a su hija como si con eso pudiera devolverle un poco de vida, un pedazo de alma, una última sombra. Aquel frasco se convertiría en su único contacto con ella. Recogía las cenizas con cuidado, con ternura, como quien sostiene algo sagrado, temiendo que el más leve soplo de viento las llevara lejos. Debía agradecer que aquel lugar donde su hija fue quemada, estaba aún cubierto de techo, y eso hacía que las

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