¿Cuántas veces soñó con ese momento? No podría contarlas aunque quisiera, porque eran demasiadas. Fueron noches infinitas que se arrastraban una sobre otra, largas tardes en que el sol se filtraba como una herida iluminada. Fueron días, semanas, meses que se tragaron su adolescencia y su esperanza. Pasaron años enteros en los que su corazón no conoció más ritmo que el de la nostalgia. Soñó mil veces con que él la abrazaba, con que sus brazos eran el refugio donde podía ser débil sin temor. Soñó que él le decía cuánto la amaba, que se arrepentía por haberla dejado sola, por no haberla protegido como había prometido. Soñó, incluso, con la imposible ternura de su voz pronunciando su nombre, ese: Esra que solo él sabía decir bien. Aun después de aquel encierro inhumano, incluso

