Burak estaba en su oficina, revisando cada publicación de Esra en aquella página de redes que contaba con una cantidad considerable de seguidores. Sus ojos escrutaban cada detalle, cada comentario y cada interacción que ella tenía en la plataforma, mientras su mente divagaba entre recuerdos y posibilidades. —Señor Burak, el señor Arslan espera en la recepción para que usted lo reciba. Es un asunto que él describe como importante —anunció su asistente mediante el intercomunicador. Burak, después de un momento de reflexión, dio luz verde para que permitieran el ingreso del abuelo de Vanea. Aquel anciano, que ya había superado los setenta años, todavía se mantenía fuerte y erguido, con una presencia que comandaba respeto. Al entrar en la oficina, se acomodó en la silla que se encontraba

