Meses después, Esra fue atacada en las duchas de la prisión, en un episodio que cambiaría su vida para siempre. Por su enorme barriga, que se extendía como un recordatorio de la vida que crecía dentro de ella, no pudo defenderse ante la agresión inesperada. Faltaba poco tiempo para el nacimiento de sus hijos, un momento que ella esperaba con ansiedad, esperanza y temor, considerando su situación de encarcelamiento. Cada día, cada hora que transcurría, Esra acariciaba su vientre y susurraba palabras de consuelo a esas vidas inocentes que se formaban dentro de ella, prometiéndoles un futuro mejor que su presente, soñando con el día en que podría sostenerlos en sus brazos y protegerlos del mundo cruel que había conocido. Las mujeres que perpetraron el ataque; la sujetaron contra las b

