Cuando Kenan se giró para mirar, sus ojos se agrandaron con incredulidad y conmoción. La mujer con la que se estaba encontrando para asuntos de negocios con la expansión de la empresa familiar no solo tenía la voz similar a Esra, sino que también su rostro era idéntico, como si estuviera viendo a un fantasma materializado frente a él. Aunque esta mujer se viera más elegante, refinada y de clase alta, no dejaba de ser el vivo retrato de su difunta cuñada. —Esra —musitó en silencio—. ¿Eres realmente tú? —sus palabras salieron entrecortadas, teñidas de una emoción. —¿Esra? —sonrió, mientras sus ojos brillaban con una chispa de diversión—. No sé con quién me confunde, pero permítame presentarme: Nihan Polat —Kenan negó, mientras su mente luchaba contra la evidencia que sus ojos le presenta

