Marina no se había equivocado, la primera hora de los ingleses era realmente temprano y por eso sonreía al ver los ojos hinchados y el gesto de sueño en el rostro de Francisco. -Mala noche.- le dijo él colocándose sus anteojos de sol mientras se acurrucaban en el asiento y sus ojos se cerraban aliviados. Marina seguía sonriendo, ¿cómo podía ser posible que incluso dormido tuviera ese efecto en ella? Lo observó aprovechando el hecho de que él no pudiera notarlo. Llevaba unos jeans gastados y su campera de cuero, se había dejado una ligera barba de pocos días y su expresión era de serenidad. No se parecía en nada a los hombres que habían llamado su atención en el pasado y sin embargo era mucho más intenso lo que le pasaba al pensar en él. La idea de revelar sus sentimientos cruzó por s

