Si había alguien que sabía exprimir las horas, esa era Marina. Había hecho más cosas en las últimas 24 horas que en las semanas anteriores. La culpa de dejar a Anastasia sola con la editorial la llevaba a organizar y considerar soluciones a imprevistos de remota capacidad de suceder Había estado ocupada, muy ocupada y aunque se había convencido que era debido a su repentino viaje, en realidad se mentía a sí misma. Lo que había estado intentando silenciar eran las miles de preguntas que surgían en su mente en relación a cierto historiador. El hecho de que mirara la pantalla del celular con demasiada frecuencia sólo agregaba ansiedad a su pesar. Había sido demasiado fácil, pensaba y aunque se suponía que eso debía alegrarla, no lo hacía. Un beso furioso se empecinaba en regresar en forma d

