LUCCA VITALE Aceleré la velocidad del auto, cada kilómetro que recorría alimentaba el incendio que ardía dentro de mí. La rabia y la ira se mezclaban con una oscura determinación. William Praga. Ese maldito no debería haber respirado tanto tiempo, pero mis manos estaban atadas. Mi chocolatico me había suplicado que no lo matara, y aunque odiaba admitirlo, su voz dulce era la única cadena que podía contenerme. Esta noche, mientras disfrutaba de una copa del mejor bourbon, el sonido del teléfono rompió la calma. La voz de Susan rota por el llanto llenó la línea y encendió cada alarma en mi cuerpo. Mi corazón latía con fuerza, un tambor de guerra anunciando la batalla que estaba por venir. Cada sollozo suyo era un grito en mi mente, un eco de desesperación que no podía ignorar. Me arranqué

