DARKO Tomo una bocanada de aire. Necesito que mis pulmones se llenen de oxígeno, pero es como si cada respiración no fuera suficiente. El desespero me invade, una corriente oscura que me arrastra, y no sé en qué momento voy a explotar. Mattia me hizo venir a su casa para pedirme algo, pero mi mente está tan fracturada que dudo ser de mucha ayuda hoy. Elevo el rostro, intentando calmar las voces que se enredan en mi cabeza, un enjambre que no deja de zumbar. Las manos me pican; es una sensación aguda, corrosiva, como si la abstinencia se burlara de mi autocontrol. Trueno los músculos del cuello, un gesto mecánico que intenta, en vano, destensar la cuerda que amenaza con romperse dentro de mí. —¿Esperas a mi papi? —.Una voz dulce, inesperada, se cuela en el caos, desgarrando el velo oscur

