Kailyn Miller

3214 Words
-------------------------------------- Días después -------------------------------------- Laurence iba pedaleando por un camino lleno de árboles inmensos, era una vista hermosa. Montana es una zona montañosa rocosa a llanuras, era una increíble vista. Llevaba recorriendo tres días sin importarle mucho la suciedad de su cuerpo continuó pedaleando hasta encontrar un río y tomo un pequeño baño y un enorme descanso hasta tarde porque no había dormido bien los días anteriores; sus comidas eran pequeñas porciones sin intención de terminárselo, esos días perdió peso. Cuando despertó por la noche continuó su viaje por Dakota del Sur, el dormir lo hacía en lugares donde él se encargaba de limpiar y le parecía que no era peligroso. En la ciudad de Wisconsin le dieron un aventón hasta la ciudad de Chicago, donde el chico de ojos verdes se sorprendió de ver los rascacielos. —Gracias por el viaje, señor Wellington. —De todos modos, tenía que venir a la ciudad por unos pedidos, cuídate, muchacho y espero te vaya bien en tu viaje. —Gracias. Laurence se sintió agradecido por ese hombre mayor que le ayudo cuando sintió que no podría avanzar. El joven de ojos verdes continuó su viaje olvidándose de la vida anterior, estaba dispuesto a crear nuevos recuerdos. Ohio era un sitio frío, se detuvo durante esos meses por el frío y posible tormenta de nieve que duraría hasta principios de marzo; una familia amable le ofreció asilo y él les ayudo en hacer leña para los días fríos y ellos le regalaron ropa de su hijo que tenía la misma edad que Laurence. —Le contaste a mi familia que vivías en Seattle ¿Hay algo bonito ahí? —El chico era de aspecto normal, con el cabello medio largo, mucho trabajo en agricultura. —Si, donde yo vivía no es nada distinto a esta ciudad, a excepción que vivía en una casa tradicional. —Entiendo, es difícil la vida de agricultor, pero más adelante en la ciudad encontrarás una vista agradable y lo mejor de Ohio. —Los ojos del chico brillaron—. Me encantaría dejar esta zona y vivir en la ciudad. —Vivir en un rancho también es bonito, Alec. ¿No te gusta nada de Ohio? —Ambos chicos levantaban leña a una carretilla que llevarían adentro de la casa. —Solía gustarme lo que hacía, pero desde que visite el año pasado la ciudad tengo la idea de irme a la ciudad. —Está bien tener ambiciones de no quedarse en el mismo lugar, pero no es bueno rechazar donde te tocó nacer. —El chico le sonrió—. A veces las grandes ciudades solo son un espejo que te muestra lo hermoso, pero has pensado ¿Qué harás cuando estés allá? ¿De qué vivirás? ¿Dónde dormirás? —Estoy aburrido de mis padres que solo andan detrás de mí como si quisieran controlar mi vida. —No digas eso, cuando seas mayor y tengas tus propios hijos te darás cuenta por qué te cuidaban tanto. —El chico se quedó callado y continuó ayudando a Laurence con los leños. Por la noche se sentaron juntos a convivir como una familia, Laurence sintió el cariño y bromas familiares, el hijo mayor de esa familia entendió que al irse lejos de su familia no podría vivir sin ellos, no sabría cómo comenzar a vivir sin ellos y sobre todo no tendría un techo cálido y no estaría su madre esperando por él. Su madre solo quería lo mejor para él y para su pequeña hermana, cuando la cena termino Laurence estaba viendo su mapa de viajes se acercó Alec. —Tienes razón, Laurence —El chico de ojos verdes le miro no entendiendo de que hablaba—, la familia es importante y no sabré qué hacer sin ellos. —Laurence le sonrió y asintió—. Descansa, amigo. —Igualmente, Alec. Laurence se quedó más tiempo despierto pensando en sus amigas. Hace unos días, tuvo la oportunidad de hablar con Verónica. Ella le dijo que Alice no mostró interés con su desaparición. Al ver que no le importaba a su madre decidió continuar con su viaje sin importar el frío en el camino. —Gracias por darme asilo en su hogar, señor Charles, pero tengo que continuar con mi camino. —Pero el frío provocará que enfermes, Laurence —dijo preocupada la mujer de algunos cuarenta años. —Gracias, por preocuparse, pero me detendré en algún lugar a pasar las tormentas. —Alec, dale alguna de tus chamarras para el camino, te prepararé comida. —Gracias. —La mujer le preparo sándwich y el chico le dio protección para sus oídos, guantes, pantalón y chamarra que impedían que su cuerpo perdiera el calor. —Ahora sí, vas más preparado. —Les agradezco por todo lo que hicieron por mí estos dos meses. —Cuídate mucho, hijo —le dijo la señora haciendo que el corazón de Laurence se sintiera dolido porque no tiene a una madre que se preocupe por él. —Lo haré, gracias. La navidad se aproximaba, pero poco le importo al chico y continuo con su viaje llegando a Cleveland, donde le fue imposible continuar con su viaje porque enfermo de gripe y tuvo que rentar un departamento. Los dueños del edificio eran de edad avanzada, la señora llamada Minerva se preocupó por el ojiverde y lo cuido en su agonía. Cuando se curó de la fiebre y gripe, la señora Minerva le contó todo lo que menciono durante su agonía, el chico sintió vergüenza por la vida que le toco. —No tienes por qué avergonzarte, Laurence. Es esa mujer que debe de sentirlo, tú eres un buen hijo, permíteme ayudarte. —G-gracias. —Se limpió las lágrimas—. Buscaré trabajo el tiempo que esté aquí. —Mientras tanto sería bueno que pases el fin de año con nosotros. Porque no tomas un baño y bajar a nuestro departamento a pasarla con nosotros. —No quiero causar molestias, señora Minerva. —Ninguno, te esperamos. —El chico asintió y se levantó a ver por la pequeña ventana que a un nevaba y las calles estaban cubiertas de nieve. Decidió tomar un baño y subir a celebrar el último día del 2016. Al tocar la puerta el señor Samuel le atendió y lo hizo pasar a sentarse y hablar un poco. —Estos meses que me quede aquí buscaré un trabajo porque las llantas de mi bicicleta se averiaron y necesito respuestas y los instrumentos para cambiarlas en el camino. —Se dé un lugar, aunque no están recomendable para que sea tu primer empleo. —No importa. Solo quiero comprar esos repuestos y continuar mi viaje. —Te daré la dirección. —Ahora llego el momento de la cena, ¡ven, Laurence! No seas tímido —dijo contenta la señora Minerva. Laurence se entretuvo escuchando su historia romántica de cuando se conocieron en 1950, cuando las relaciones eran a través de cartas, Laurence pensaba que podría enamorarse de esa forma no le gustaba el contacto físico con las mujeres y se lo permitió a la señora Minerva porque ella escuchó sus miedos y tuvo que contarle lo que paso en su vida. El año nuevo llego, Laurence espero dos días y fue a buscar la industria que le menciono el señor Samuel. El siguiente mes se la paso trabajando y ayudado a la pareja de edad avanzada como si fuera un hijo y ellos siempre le invitaron a comer e incluso le rebajaron el costo del cuarto que estaba rentando. La tarde de la jornada laboral termino y Laurence regreso cansado de las largas horas cargando partes de autos porque era una industria automotriz. —Hola, muchacho, ¿Cómo te fue en el trabajo? —Cansado es normal. —El señor mayor asintió. —¿Quieres pasar a comer? Minerva siempre se emociona cuando la pasas en el departamento con nosotros. ¿Qué dices? —Por supuesto, iré a cambiarme. —El señor Samuel asintió, Laurence entro a su pequeño departamento a tomar un baño de una larga jornada, tendría que terminar los quince días para que le pagaran, 2448 dólares como le habían prometido. Laurence bajo con los dos señores mayores, saludo a la señora Minerva. Los tres se sentaron a cenar y platicar algunas anécdotas de su vida pasada, eran solo ellos dos, pero no se arrepentían ahora que le habían brindado abrigo a un joven que lo necesitaba. —Ahora cuéntanos un poco de ti, querido —dijo con ese tono cariñoso la señora Minerva. —No tengo buenas cosas de mí, señora Minerva. El próximo mes cumpliré dieciocho años. —¿Cuándo cumplirás años? —El 8 de marzo. —Te haré un pastel por adelantado, hace tiempo que no horneo. —No es… —Lo es. Tu cumpleaños son cosas buenas de ti. —¿Cómo puedes no tener más cosas buenas de ti? —M-mi madre dice que soy un monstruo y no debía ser feliz. —¿Cómo puede maltratarte de esa forma tu madre? —Yo nací diferente. No es un problema tan conocido en sus tiempos, pero se ha hecho tendencia en los últimos años. —El chico suspiro—. Nací siendo intersexual. —Los dos señores mayores se quedaron con un rostro confundido—. Lo siento, esto quiere decir que un bebé nace con el aparato reproductor s****l femenino y masculino… en algunos hay excepciones nacen con solo un aparato reproductor sin importar el género del bebé. En mi caso nací siendo niña, pero con mi parte íntima masculina cuando cumplí diez años me operaron y recibí un tratamiento de hormonas masculinizantes. —Oh, pero ¿Cuál es el problema? Ahora eres un niño. —Pero soy raro —dijo sintiéndose mal al ser diferente. —Nada de raro, eres demasiado fuerte y guapo —le dijo con una sonrisa sincera, Samuel—. Mira que lo dice un macho alfa que se respeta. —Gracias, señor Samuel —dijo avergonzado. —Ahora brindemos por ti, Laurence, que tu viaje te traiga buenas personas y encuentres lo que buscas. —Gracias. Días después, cuando estuvo terminado su trabajo, Laurence paso a cobrar su dinero a la industria. —Fuiste un ejemplar trabajador, pero no tienes seguro, papeles de Ohio y eso hace que te quede un total de 1632 dólares. —La sonrisa del hombre era de desprecio hacia las personas que trabajaban con él. —Algún día alguien le cobrará todos sus robos. —Tomo su dinero y salió azotando la puerta. Laurence se fue a comprar las ruedas de la bicicleta dejándole solo 1100 dólares, fue rápido al departamento a recoger su ropa y bajo al departamento de los dos señores mayores. —¿Qué paso, Laurence? —Ya he terminado mi trabajo y quiero darle esto. —Le extendió el dinero. —No puedo aceptarlo, Laurence, nos has contado que vas a viajar hasta Pensilvania y te falta millas que recorrer. —Lo sé, pero tengo dinero para ese viaje, esto no lo voy a necesitar —La señora mayor lo acepto un poco apenada—. También vine a despedirme. —No pensé que llegaría tan pronto este día. Deseo que encuentres muchos amigos en tu camino. —La señora Minerva lloro. —Gracias, señora Minerva, por su hospitalidad, comidas y ese sabroso pastel. Ustedes dos hicieron mi cumpleaños adelantado agradable. —Cuídate mucho en el camino. ¿Me permites darte un abrazo? —Por supuesto. —El chico fue abrazado de manera maternal. —Cuídate mucho, Laurence. Deseo que encuentres a tu padre. —Es lo que más quiero. Nos vemos. —Laurence salió del departamento y del edificio se encontró al señor Samuel al dar la vuelta que lloro un poco porque se acostumbró a las pláticas con el joven ojiverde, pero entendía que él buscaba a su familia (el señor Samuel no se enteró de la historia de sufrimiento del chico). —Buen viaje, Laurence. —El chico le sonrió y se subió a su bicicleta. Laurence disfrutaba manejar rápido, pero antes de salir de la ciudad decidió buscar una caseta telefónica y marcarle a Verónica. Ella le contó que tuvo problemas con Bella, pero días después lo pudieron resolver, también se enteró de que Emily, su hermana menor, estaba embarazada de Logan. Decidió descansar casi a las afueras de la ciudad de Ohio, quería ver el letrero “bienvenidos a Pensilvania, Estados Unidos de América”. Por la noche escucho el sonido del bosque, se cubrió bien por él, poco frío de la noche que en verdad las noches sin techo se volvían frías. La mañana llegó, Laurence sentía entumecido el cuerpo debido al frío, decidió comer una enorme barra de chocolate para entrar en calor; el viaje empezó con titubeos, pero al entrar en calor no le importo mucho el clima, durante el viaje de algunos minutos la bicicleta perdió los frenos y al ver el letrero de Pensilvania la llanta trasera sé poncho provocando una espantosa caída que lo dejo en el suelo por media hora. Al levantarse, arrastro la bicicleta hasta una tienda cercana a la carretera, Laurence se limpió el rostro porque no pudo tomar un baño durante su viaje, tenía heridas pequeñas en los dedos, codo y rostro, cuando estuvo presentable entro. El señor le saludo en cuanto vio al chico alto, atlético y atractivo. Laurence busco un sándwich y una botella de agua, cuando encontró una pequeña botella de alcohol para curar sus heridas paso a pagar. —¿Cuánto le debo, señor? —Son 27 dólares. —Laurence asintió y le dio el dinero. El chico sintió que le veían al buscar quién era encontró a una chica delgada, bonita y de piel canela. Laurence no sabía cómo reaccionar, ninguna chica de su edad le veía de esa forma como ella lo hacía, el vendedor le dio su cambio regresándolo a la realidad. —Gracias. —Salió de la tienda, el joven de ojos verdes se sentó en la banqueta de la tienda a curarse los dedos, codos y rostro; estaba preocupado por donde dormiría ese día porque las noches se volvían más frías. Eran las diez de la mañana, tenía que continuar su búsqueda caminando y debía preguntar por Michael Wood. Kailyn Miller es una joven de familia agricultora en la ciudad de Pensilvania, el rancho que tiene su padre está lleno de animales como: ovejas, vacas, caballos, cerdos, gallinas, gallos y pollitos; Kailyn vive con sus padres (Susan Pearson y Alexander Miller) y hermana menor Sofía. Ambas hermanas Miller cuidan de los animales, Alexander Miller es muy conocido en la ciudad de Pensilvania por tener la mejor familia y las mejores cosechas. Los Miller son felices con su vida tranquila y de campo; Susan se levanta muy temprano a preparar el desayuno para que hagan sus actividades por la mañana. A Kailyn le faltan dos meses para cursar al segundo año del instituto y aunque tiene problemas con varios compañeros que le hacen la vida imposible, está contenta de tener a sus dos amigas. Kailyn se encontraba en la tienda a comprar kilos de azúcar porque Susan olvido comprar en la ciudad, las tiendas en la zona de ranchos eran escasas y se ubicaban a varios kilómetros de distancia. Kailyn esa mañana decidió irse en su bicicleta, era una buena forma de pasar un domingo por la mañana, cuando llego a la tienda saludo como de costumbre a don José que es el vendedor. Kailyn busco los kilos de azúcar, pero al escuchar la campanita de un nuevo cliente quedo hipnotizada por el guapo chico, Kailyn nunca en su vida adulta había sentido tanto interés en alguien, no después de que el chico más guapo de Pensilvania se burla de ella, Alexander está empeñado que su hija sea pareja de Félix Graham; hijo de la familia encargada de exportar las cosechas de los agricultores. Esa era la ambición de Alexander que sus hijas se casen con los mejores hombres de la ciudad. Kailyn al ver a ese chico irse de la tienda recordó cuando tenía cinco años y conoció al hijo del Michael Wood, el único día que le vio y quedo flechada para toda una vida de esos bellos ojos verdosos y le prometió que le buscaría cuando creciera para casarse. Kailyn salió de su trance al darse cuenta de que se mantuvo mucho tiempo en sus pensamientos, se llenó de valor y decidió acercarse al chico, pago los kilos de azúcar y compro dos galletas que traían notitas al azar. Kailyn salió de la tienda y lo vio curándose la herida que tenía en su codo, se acercó con lentitud. —H-hola, no eres de aquí, ¿verdad? —El chico le miro cubriéndose un poco de la poca luz que le lastimaba los ojos. —Eeh, hola. Soy de Seattle —dijo con timidez. —Creo que queda lejos, soy Kailyn Miller, un placer conocerte… —Laurence tenía timidez de verle a los ojos porque tenía esos pensamientos que todas las mujeres le juzgan. —Laurence Wood. —¿Eres algo del señor Wood? —Kailyn tenía la esperanza de que ese chico de ojos verdes fuera ese niño de hace doce años. —Si es mi papá, ¿Lo conoces? —Laurence sintió alegría al escuchar el apellido de su padre. —Si vive como a un kilómetro de mi casa. ¿Qué te trae por aquí? —dijo con un poco más de confianza. —Es una larga historia, Kailyn, ¿me ayudarías a llegar a la casa de mi papá? Por favor —Por supuesto, pero ahorita, él está fuera de la ciudad, por lo que sé, va a regresar como en mayo. —¿Estás muy informada? —Él es uno de los más conocidos aquí, aparte de mi papá, bueno, y otras familias. —Laurence asintió. —Bueno, me sería de ayuda si me acompañas. —Sí, vamos. —Kailyn miro la bicicleta en mal estado que estaba a un lado del chico de ojos verdes—. Tu bicicleta quedó inservible. —Viajar desde Seattle hasta aquí fue largo y cansado, pero tendré tiempo de arreglarlo. —Vamos caminando, ¿o te molesta? —La verdad, no. Estoy realmente cansado, pero otros kilómetros más no me harán daño. —Ambos sonrieron. —Si quieres le puedo pedir a mi papá que te dé asilo, mientras regresa tu papá. —Gracias, ¿pero no crees que me estás dando mucha confianza? —No lo pienso, además te conocí cuando tenía cinco años. —El chico se quedó pensativo al ver el rostro melancólico de Kailyn. La chica decidió contarle algunas cosas del pueblo logrando que Laurence le diera toda su atención y preguntara algunas cosas, ambos caminaban con comodidad. —Iniciaré mi segundo año aquí otra vez —menciono el chico de ojos verdes, Kailyn sentía esas mariposas en su estómago de cuando te gusta alguien, la piel del cuerpo de Laurence se veía bronceada por el viaje, Kailyn sentía muchas ilusiones con un chico guapo, pero la realidad le golpeo al recordar un chico guapo jamás se fijaría en ella porque terminaba siendo rara.
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