Noche segura

1482 Words
-------------------------------------- Pensilvania, 2017 -------------------------------------- Laurence término de cambiarse se veía atractivo y Kailyn no podía estar en contra de esa verdad, el chico tenía puesto una camisa de cuadros azules oscuros, pantalón ajustado y n***o, también unos botines de color caqui. Ropa casual y cómoda; la pequeña maleta del joven de ojos verdes estaba sobre la cama. —¿Todo listo? —pregunto con nervios Kailyn. —Sí, vámonos, no quiero meterte en problemas. —Salieron del cuarto de Laurence, Roberto le sugirió que regresará el siguiente día, a lo cual accedió el chico de ojos verdes. El camino nuevamente se volvió silencioso, pero Kailyn no estaba dispuesta a quedarse de esa manera. —¿Podrías acompañarme mañana a la casa de mi padre? —Solo puedo por la tarde, tengo que ir por unas cosas —lo dijo en un tono apagado, Kailyn no era tan fan de ir a la escuela, pero en clases es una de las mejores. —¿Tienes clases? —Kailyn asintió—. ¿Cómo te va en el instituto? —Tengo algunos problemas con matemáticas, pero me va bien. —Soy algo bueno en esa materia cuando quieras te puedo ayudar. —Gracias, Laurence. —Kailyn estaba agradecida que el chico le quisiera ayudar, aunque se notaba serio, misterioso y tímido. —Soy un poquito malo para leer. —¡Me encanta leer! —Es más interesante que alguien lea, yo prefiero verlos desde lejos. —Kailyn se rio un poco. —¿Crees eso? —pregunto con dudas. —Sí, de mis amigas… era Bella quien prefería leer y era normal verla y escucharla leyendo alguna novela para mí y Verónica. —Kailyn asintió y se acomodó el mandado que le encargo Susan—. ¿Quieres que te ayude con esa bolsa? —S-sí, gracias. —El chico tomo la bolsa, Kailyn estaba emocionada de encontrar al chico que le gusto en su niñez, pero ahora veía muy lejos la idea de decirle que él le prometió casarse con ella cuando crecieran porque es muy guapo y ella no es tan bonita, mientras ella tenía estas ideas, Laurence solo pensaba en ver a su padre y vivir en paz. —Laurence, ¿quieres conocer algo? —Laurence asintió ante la emocionante voz de Kailyn—. Entonces dejemos nuestras cosas en mi escondite. —Laurence quería saber más, pero Kailyn camino más rápido—. A veces con Sofí, escapamos un momento de nuestras responsabilidades. —Suena divertido. —Mencionaste que tienes una hermana, ¿no? —Laurence asintió. —Su nombre es Emily, no nos llevamos bien —dijo con voz apagada. —Qué mal. Ya estamos cerca. —Kailyn se atrevió a tomar la mano de Laurence y este sintió incomodidad soltándose con lentitud, Kailyn no le dio importancia. —¿E-ese… es tu lugar especial? —Era un campo con muchas flores amarillas y en el medio había un árbol grande, pero al fondo otros árboles que Laurence ignoro porque era una vista increíble. —Sí —dijo emocionada—. No es rancho de mi papá, pero no se deben de enterar. —Ambos sonrieron. Kailyn se veía como una niña pequeña corriendo de aquí y para haya, Laurence decidió caminar lento y disfrutar de la vista y el olor a pasto. Laurence se sentó debajo de la sombra del árbol, veía como Kailyn corría hasta que se cansó y se sentó a su lado. —Te veías feliz que preferí que continuaras disfrutando. —Kailyn se sonrojó y le sonrió con timidez, el chico se mantuvo callado. —¿Por qué te noto muy triste, Laurence? —No lo estoy, es solo que… pienso mucho que en unos meses veré a mi padre. —Kailyn le sonrió. —Hablando de padres, el mío está por llegar y querrá conocerte. —Oh, sí, vamos. —Laurence se levantó y le extendió su mano con un poco de nervios e inseguridad de tocar a una mujer. —Gracias. —Volvieron a regresar por un camino de piedritas hasta salir al camino que los llevaría a la casa de Kailyn, pasaron una pequeña colina donde se pudo ver más cerca la casa de los Miller—. Laurence, atrápame… —Kailyn comenzó a correr colina abajo y Laurence paso de largo e hizo que la chica se molestara—. No creí que lo tomarías tan en serio. —Todo lo tomo en serio. —Continuemos, Laurence. —Kailyn odiaba que le ganasen, pero continúo caminando, pensó en su venganza perfecta—. Mi padre tiene pintas de ser el hombre peor de la ciudad, tanto que saca arma. —Laurence se asustó haciendo que su rostro lo mostrase—. ¡No es cierto! —Kailyn abrió la puerta de su casa y ahí estaban los dos padres y hermana menor—. ¡Papá! —¿Quién es él? ¿A caso es tu novio? —Alexander se levantó mostrando que era unos diez centímetros más alto que Laurence que mide 1.70 centímetros. —¡¿Qué?! No… aún no lo es… —Kailyn susurro lo último para no ser escuchada, Laurence estaba nervioso porque Kailyn tenía razón, ese hombre sacaría un arma. —Me llamo Laurence Wood, señor Miller. Acabo de llegar a la ciudad —hablo rápido para que no buscara esa arma que Laurence pensaba estaba debajo de la mesa. —Tú eres el hijo de Michael Wood, ¿cierto? —El hombre sonrió tranquilizando los nervios del ojiverde. —Sí, señor Miller. —Tu padre no está en su mansión. Él me hablo hace unos minutos porque su mayordomo le informo de tu llegada y me pidió que te quedes los dos meses que estará fuera de la ciudad. Michael quiere que conozcas un poco y te adaptes a la vida en Pensilvania —Laurence asintió muchas veces—, pero tendrás que ayudarme en mi rancho. No tuve hijos varones, pero has llegado como bendición. —L-le ayudaré, señor Miller. —¿No estás estudiando? —No, esperaré que el nuevo curso inicie y comenzaré el segundo año en el instituto de la ciudad. —Me parece bien, entonces no tendré que preocuparme por eso. ¿Por qué has cambiado Seattle por Pensilvania? —No estaba pasando un buen momento como mi madre y hermana, por eso decidí aventurarme en un viaje en bicicleta hasta aquí. —Haremos de todo para que te sientas cómodo, Laurence —le menciono una mujer de cabellos castaños oscuros y un cuerpo muy cuidado de apariencia bonita—. Me llamo Susan, él es mi esposo Alexander, Sofía y ya conoces a Kailyn. —El chico asintió. —Ahora que ya nos conocemos un poco mejor, te mostraré mis tierras. —Sí, señor Miller. —¿Puedo ir con papá? —pregunto Kailyn a su mamá que miraba al invitado. —Con mucho cuidado. —La chica de ojos marrones asintió. Los tres fueron a ver el terreno enverdecido, era muy hermoso. Por la noche hicieron una fogata escuchando alguna canción country, los cinco estaban abrigados porque estaba haciendo mucho frío; Sofía asaba malvaviscos con timidez del chico de ojos verdes. Kailyn hablaba con sus padres y veía a Sofía que no se quemara. Laurence apreciaba la vista de las estrellas en su esplendor, sintiendo la libertad de una noche segura de la vida de Seattle. Más tarde Sofía corría de un lado a otro y Laurence veía la fogata. —¿Ya te contesto el fuego? —pregunto con tono juguetón Kailyn haciendo reír al chico—. Has estado muy callado. —El fuego aún no contesta. Estaba pensando mucho —dijo abrigándose más. —¿Puedo saber en qué reflexionabas? —Se acomodó más cerca del chico. —En mi viaje, digo, fue una locura hacer un viaje en bicicleta y en tu familia, ustedes son muy unidos. —Kailyn le coloco una mano en el hombro al chico haciendo que se alejara un poco—. Lo siento, pero no me gustan mucho los acercamientos repentinos de las chicas. —Oh, lo siento, no sabía que te incomodaba. —L-lo siento, pero son cosas del pasado. —No te preocupes. —Gracias por entender. —No te preocupes, somos amigos, ¿no? —Sí. —Debemos dormir porque a mi papá le gusta levantarse temprano y cumplir con algunas obligaciones. —Vamos. —El chico le cedió el camino. Los mayores también se levantaron porque Sofía se quedó dormida en los brazos del señor Alexander. Laurence cuando entro al cuarto que le dieron por el tiempo que decidiera quedarse sintió paz al acomodarse en la cama y sonrió porque sería la primera noche que dormiría en casa, que no era la suya y que sentía seguridad a la hora de cerrar los ojos.
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