Capitulo 6

1187 Words
Llegaron a Homer, obviamente hablaron del caso y de la vida de la otra.  Scarlett estacionó el móvil y miró a Samantha. - Necesitó que te quedes aquí, sin salgas, sin te muevas y por favor. Si ves algo, no grites. - La cara de Samantha pasó de calma a miedo.  - Pero ...— Scar negó. - Quédate aquí, ya vuelvo. - Se bajó y suspiró al correr la tranquera de la chacra. Comenzó a caminar y pensar. > Su pensamiento fue invadido al ver la enorme cabaña que estaba frente a ella. La madera estaba fría y oscura, el lugar tenía un toque siniestro y eso no era de esperarse. Tocó la puerta y un hombre, sin recordar y con el tatuaje de una luna a la mitad en el hombro. Ella lo tenía pero abajo de su oreja izquierda. Los ojos mieles del hombre brillaron y su cabello rubio estaba despeinado. Una sonrisa apareció entre sus labios. - Scarlett Johansson, volviste mi enana.— Abrió más la puerta y la abrazó con fuerza, haciendo que se eleve hacia arriba. Ella río y le devolvió el abrazo. - Samuel, que gusto verte.  Samuel era como su hermano, él la ayudaba todo el tiempo y era el que hacía las tareas del hogar después de que ella se fue.  —Ven, pasá. Están los perros ahí. Ella entró y Samuel cerró la puerta. Oigan perros, miren quien volvio. Todos se fijaron en Scarlett, quien abrazó a Óscar con firmeza.  - ¡Hola campeona! - Dijo con una sonrisa. Su barba marrón lo hizo ver más grande.  - Óscar, no sabes cuánto me alegro de verte. Se separó y Scarlett hizo su saludo con Ben, su mejor amigo. - Se te extrañaba mocosa.— Río y la estrujó entre sus brazos musculosos. Beso su frente y luego la dejo para que saludara a Steven y se quedaron a su Alfa.  - Hola, al fin vuelves Cachorra. William la abrazó y ella a él. Era como el padre que nunca tuvo, ella había entrado a la Manada cuando tenía 16 años y tenía que alejar de la única familia que tenía que era su mamá para empezar a criarse como Omega con William.— Te extrañé tanto. - Sí, ustedes. — Me parece que te olvidaste de alguien muy importante.— Una voz masculina interrumpió el momento. Miró sobre el hombro de Will y sonrió. Se separaron y ella se fue a los brazos de Chase.  Chase era su novio cuando tenían 16 y él la convirtió en Licántropo, fueron novios hasta que ella se alejó de la Manada para comenzar a estudiar y convertirse en Criminóloga. Chase era hijo de William y tenían algunos rasgos parecidos.  Él era de cabello castaño suave, llevaba unos ojos avellana y su tez era blanca, un cuerpo bastante trabajado y una sonrisa encantadora.  Scarlett dio un saltó y enredó sus piernas en la cintura de Chase, quien la agarró de la cintura para abrazarla. — ¿Cómo me voy a olvidar de ti?— Lo abrazó y le dio un beso en la mejilla. Chase la bajó haciendo que se pusiera de pie. — Al fin vuelves Niña, te estábamos esperando.— Dijo Steve. —¿Quieres café, té o algo?— Le ofreció Samuel. — Café por favor.— Se sentó en la mesa y se cruzó de piernas. — Cuéntanos, ¿qué tal todo?— Preguntó Ben. Su cabello pelirrojo era increíble y llamativo, sus ojos azules la miraron y ella sonrió. — Bien, muy bien. Me recibí de Criminologa, vivo en Washington, he resuelto seis casos y vivo bien. ¿Qué hay de ustedes? — Lo de siempre niña, proteger al pueblo.— Dijo William mientras prendía un puro de chocolate. — Y, ¿qué te trae aquí? ¿Vuelves a divertirte?— Le preguntó Óscar. — No, no vine para regresar con la Manada. — Todos la miraron triste. — Oh vamos Scarlett, no puedes negar lo que eres. Es como negarte a ti misma, además tú eres grandiosa cuando sacas a tu perro a la luz.— La voz de William era de frustración. — Ten Enana, está caliente.— Le dio la taza café y ella comenzó a tomarlo con algo de nerviosismo, le quemó la lengua pero no le dio importancia. — Gracias.— Miró a Will.— Ya lo sé, pero necesito algo más que andar en cuatro patas protegiendo a un pueblo que ni me conoce.  — Y si no viniste a quedarte, entonces ¿qué haces aquí? — Necesito de ustedes, es urgente.— Todos se miraron entre sí. Chase se sentó a su lado y apoyó su mano derecha en las piernas cruzadas de Scarlett. Él todavía sentía algo por ella  y tenía fe de que algún día volverían. —¿Qué necesitas Scar?— Le preguntó con una sonrisa. — Necesito que me ayuden en un caso, es importante.— Will bufó. Estaba algo decepcionado, ya que ella sólo iba a trabajar, no a quedarse.  — Dime algo y te ayudaré. ¿Cuántos meses llevas sin transformarte?— Scarlett cerró los ojos con fuerza y los abrió despacio. — Hace 48 meses que no cambio. — Faaaaa amiga si que estás en problemas.— Dijo Ben. Si no cambiabas seguido y acumuladas meses o años, cuando te transformabas y tenías dos opciones. O controlarte y no matar o que el animal se apodere de ti y matar todo a su paso.  Will solo asintió y bajó la mirada. — Vaya...Bueno, escupelo. Scarlett sólo suspiró. Sabía que Will no la escucharía, si no que solo buscaría una idea para que ella se quedará e ignorar sus palabras. — Un Licántropo anda matando a los ciudadanos de Seward. Lo sé por las mordidas y los arañazos, también por las cosas que se han llevado de los cuerpos. Nosotros matamos diferente, el asesino este se come lo de adentro. Todas las manadas comían diferente y cazaban diferente. Es por eso que ella supo que era un Licántropo quien lo hacía y no un lobo. — Los callejeros andan tranquilos en esa ciudad, al menos que se hayan aliado con la Manada de Tony y hayan creado un plan lo suficientemente loco que tenga que ver con llamar la atención. Quizás quieran algo de ahí y nadie se los está dando.— Sacó el humo por la nariz y luego le dio una calada al puro. — Y, ¿sabes si Tony está tramando algo? — Lo único que sé es que nos llamó y nos dijo que tenía un plan para crear una nueva generación y si lo ayudamos seriamos invencibles y toda esa porquería. Igual, hay que admitir que Tony está loco, a un loquero se le escapó un demente y ese demente es Tony.— Habló con el puro en la boca mientras, se servía café.  — Si, es cierto. El problema es que no se donde esta Tony y si lo pudiera encontrar quizas me diga algo. — Nadie sabe dónde está ese psicópata.— Agregó Ben. — Ni él mismo sabe dónde está.— Continuo Stuart.  — Bueno, ¿me pasarían un número de alguien que quizás pueda ayudarme? Sería una gran ayuda.— Sacó la libreta para anotar y la colocó sobre la mesa. — Te la doy si nos das algo a cambio que te gustará.— Dijo Samuel. — Haber, te escucho. — Está noche hacemos un fogón, te doy el número si tú vas.— Scarlett sonrió y negó. Todos comenzaron a gritar 'Si, si, si' mientras aplaudían. — Okey, está bien.
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