Llegaron a Homer, obviamente hablaron del caso y de la vida de la otra.
Scarlett estacionó el móvil y miró a Samantha.
- Necesitó que te quedes aquí, sin salgas, sin te muevas y por favor. Si ves algo, no grites. - La cara de Samantha pasó de calma a miedo.
- Pero ...— Scar negó.
- Quédate aquí, ya vuelvo. - Se bajó y suspiró al correr la tranquera de la chacra. Comenzó a caminar y pensar.
> Su pensamiento fue invadido al ver la enorme cabaña que estaba frente a ella. La madera estaba fría y oscura, el lugar tenía un toque siniestro y eso no era de esperarse. Tocó la puerta y un hombre, sin recordar y con el tatuaje de una luna a la mitad en el hombro. Ella lo tenía pero abajo de su oreja izquierda. Los ojos mieles del hombre brillaron y su cabello rubio estaba despeinado. Una sonrisa apareció entre sus labios.
- Scarlett Johansson, volviste mi enana.— Abrió más la puerta y la abrazó con fuerza, haciendo que se eleve hacia arriba. Ella río y le devolvió el abrazo.
- Samuel, que gusto verte.
Samuel era como su hermano, él la ayudaba todo el tiempo y era el que hacía las tareas del hogar después de que ella se fue.
—Ven, pasá. Están los perros ahí. Ella entró y Samuel cerró la puerta. Oigan perros, miren quien volvio.
Todos se fijaron en Scarlett, quien abrazó a Óscar con firmeza.
- ¡Hola campeona! - Dijo con una sonrisa. Su barba marrón lo hizo ver más grande.
- Óscar, no sabes cuánto me alegro de verte. Se separó y Scarlett hizo su saludo con Ben, su mejor amigo.
- Se te extrañaba mocosa.— Río y la estrujó entre sus brazos musculosos. Beso su frente y luego la dejo para que saludara a Steven y se quedaron a su Alfa.
- Hola, al fin vuelves Cachorra. William la abrazó y ella a él. Era como el padre que nunca tuvo, ella había entrado a la Manada cuando tenía 16 años y tenía que alejar de la única familia que tenía que era su mamá para empezar a criarse como Omega con William.— Te extrañé tanto.
- Sí, ustedes.
— Me parece que te olvidaste de alguien muy importante.— Una voz masculina interrumpió el momento. Miró sobre el hombro de Will y sonrió. Se separaron y ella se fue a los brazos de Chase.
Chase era su novio cuando tenían 16 y él la convirtió en Licántropo, fueron novios hasta que ella se alejó de la Manada para comenzar a estudiar y convertirse en Criminóloga. Chase era hijo de William y tenían algunos rasgos parecidos.
Él era de cabello castaño suave, llevaba unos ojos avellana y su tez era blanca, un cuerpo bastante trabajado y una sonrisa encantadora.
Scarlett dio un saltó y enredó sus piernas en la cintura de Chase, quien la agarró de la cintura para abrazarla.
— ¿Cómo me voy a olvidar de ti?— Lo abrazó y le dio un beso en la mejilla. Chase la bajó haciendo que se pusiera de pie.
— Al fin vuelves Niña, te estábamos esperando.— Dijo Steve.
—¿Quieres café, té o algo?— Le ofreció Samuel.
— Café por favor.— Se sentó en la mesa y se cruzó de piernas.
— Cuéntanos, ¿qué tal todo?— Preguntó Ben. Su cabello pelirrojo era increíble y llamativo, sus ojos azules la miraron y ella sonrió.
— Bien, muy bien. Me recibí de Criminologa, vivo en Washington, he resuelto seis casos y vivo bien. ¿Qué hay de ustedes?
— Lo de siempre niña, proteger al pueblo.— Dijo William mientras prendía un puro de chocolate.
— Y, ¿qué te trae aquí? ¿Vuelves a divertirte?— Le preguntó Óscar.
— No, no vine para regresar con la Manada. — Todos la miraron triste.
— Oh vamos Scarlett, no puedes negar lo que eres. Es como negarte a ti misma, además tú eres grandiosa cuando sacas a tu perro a la luz.— La voz de William era de frustración.
— Ten Enana, está caliente.— Le dio la taza café y ella comenzó a tomarlo con algo de nerviosismo, le quemó la lengua pero no le dio importancia.
— Gracias.— Miró a Will.— Ya lo sé, pero necesito algo más que andar en cuatro patas protegiendo a un pueblo que ni me conoce.
— Y si no viniste a quedarte, entonces ¿qué haces aquí?
— Necesito de ustedes, es urgente.— Todos se miraron entre sí. Chase se sentó a su lado y apoyó su mano derecha en las piernas cruzadas de Scarlett. Él todavía sentía algo por ella y tenía fe de que algún día volverían.
—¿Qué necesitas Scar?— Le preguntó con una sonrisa.
— Necesito que me ayuden en un caso, es importante.— Will bufó. Estaba algo decepcionado, ya que ella sólo iba a trabajar, no a quedarse.
— Dime algo y te ayudaré. ¿Cuántos meses llevas sin transformarte?— Scarlett cerró los ojos con fuerza y los abrió despacio.
— Hace 48 meses que no cambio.
— Faaaaa amiga si que estás en problemas.— Dijo Ben. Si no cambiabas seguido y acumuladas meses o años, cuando te transformabas y tenías dos opciones. O controlarte y no matar o que el animal se apodere de ti y matar todo a su paso.
Will solo asintió y bajó la mirada.
— Vaya...Bueno, escupelo.
Scarlett sólo suspiró. Sabía que Will no la escucharía, si no que solo buscaría una idea para que ella se quedará e ignorar sus palabras.
— Un Licántropo anda matando a los ciudadanos de Seward. Lo sé por las mordidas y los arañazos, también por las cosas que se han llevado de los cuerpos. Nosotros matamos diferente, el asesino este se come lo de adentro.
Todas las manadas comían diferente y cazaban diferente. Es por eso que ella supo que era un Licántropo quien lo hacía y no un lobo.
— Los callejeros andan tranquilos en esa ciudad, al menos que se hayan aliado con la Manada de Tony y hayan creado un plan lo suficientemente loco que tenga que ver con llamar la atención. Quizás quieran algo de ahí y nadie se los está dando.— Sacó el humo por la nariz y luego le dio una calada al puro.
— Y, ¿sabes si Tony está tramando algo?
— Lo único que sé es que nos llamó y nos dijo que tenía un plan para crear una nueva generación y si lo ayudamos seriamos invencibles y toda esa porquería. Igual, hay que admitir que Tony está loco, a un loquero se le escapó un demente y ese demente es Tony.— Habló con el puro en la boca mientras, se servía café.
— Si, es cierto. El problema es que no se donde esta Tony y si lo pudiera encontrar quizas me diga algo.
— Nadie sabe dónde está ese psicópata.— Agregó Ben.
— Ni él mismo sabe dónde está.— Continuo Stuart.
— Bueno, ¿me pasarían un número de alguien que quizás pueda ayudarme? Sería una gran ayuda.— Sacó la libreta para anotar y la colocó sobre la mesa.
— Te la doy si nos das algo a cambio que te gustará.— Dijo Samuel.
— Haber, te escucho.
— Está noche hacemos un fogón, te doy el número si tú vas.— Scarlett sonrió y negó. Todos comenzaron a gritar 'Si, si, si' mientras aplaudían.
— Okey, está bien.