El sol descendía lentamente sobre el lago en Burlington, tiñendo el agua con tonos de fuego y oro. El aire fresco acariciaba los árboles y traía consigo el sonido lejano de las olas rompiendo suavemente en la orilla. Stella estaba de pie junto al lago, con las manos entrelazadas frente a su vientre. Su vestido azul fluido se ajustaba suavemente a su figura, resaltando el pequeño bulto que ahora era más notorio. Aunque apenas tenía tres meses y medio de embarazo, el hecho de que esperaba mellizos la hacía lucir diferente. Su rostro estaba iluminado por un brillo especial, y su cabello castaño, recogido en un moño bajo, enmarcaba sus ojos café que reflejaban emoción y algo de nerviosismo. Había pasado unas horas desde que Stella vio la humillación de Evangeline en televisión, desde que esc

