La alcoba era un refugio de lujo que contrastaba con la desolación que Stella sentía en su interior. Las cortinas gruesas bloqueaban casi toda la luz del día, dejando el espacio en penumbra, como si reflejara su estado de ánimo. En la inmensa cama de cuatro postes, Stella estaba sentada con las piernas cruzadas y los brazos alrededor de su pequeño vientre, su única fuente de consuelo en un día que parecía más oscuro que cualquier otro. El nudo en su garganta apenas le dejaba respirar. Su corazón latía con fuerza, dolorido, y la idea de que Mike estuviera en ese momento prometiendo su vida a otra mujer era un tormento constante. No podía evitar imaginarlo: él, con ese porte elegante y esos ojos azules que solían mirarla con intensidad, ahora brillando por alguien más. Por Evangeline. La mu

