Él se detuvo un instante, mirándola con una mezcla de ternura y un amor tan profundo que su corazón latía con fuerza. La miró, reafirmando la intensidad de sus palabras y el deseo reflejado en sus ojos. Sin esperar más, la tomó en brazos, llevándola a la habitación con la determinación de que ese momento fuera único. —Yo también te deseo —murmuró en su oído, mientras la colocaba suavemente sobre la cama, inclinándose sobre ella y comenzando a quitar cada prenda con movimientos lentos y deliberados—. Pero quiero que estés segura, Stella. No hay prisa... Ella respiró hondo, sintiendo que su deseo era tan fuerte como su determinación. —Es lo que más deseo —respondió, con la voz entrecortada y una mirada de entrega—. Pero… recuerda que… es mi primera vez. Mike sintió un estremecimiento rec

