Descubiertos

1182 Words
Japón Uno pensaría que sí, aquella mujer era despistada para todo, se olvidaría de su hijo, porque la vida se la resolvía Miranda en lugar de Elliot. Algunos días no hubo mayor problema, solo que no todo era blanco o n***o cuando se trataba de Sisa, claro que se encontraba incómoda ante el hecho de que su compañía no estuviera, Miranda le facilitaba la vida casi igual que su hijo. Pero por las noches ella acudía a su habitación con la excusa de contarle una historia y no era otra cosa más que un pretexto para experimentar la cercanía y afecto que su hijo le proporcionaba. Cada día que pasaba ella notaba los pequeños actos que Elliot tenía con ella y los extrañaba, aunque en su cotidianidad los diera por sentados. Ya nadie la esperaba a su llegada ni le indicaba donde colocar los objetos, no había nadie que le recordara sobre alistar su bolso para el día siguiente, no tenía con quien dialogar sobre su trabajo. Hasta que ese cúmulo de detalles faltantes en su vida se hicieron insoportables fue que Sisa estallo, estaba triste y angustiada, porque había pasado semana y media desde que no veía a su pequeño. —Miranda, llama ahora mismo al colegio y diles que iras a buscarlo, que ya no puede seguir acudiendo a ese curso —la pobre de Miranda paso saliva de forma pesada, que podía responder. —No podemos hacer eso, Elliot se enojará si le interrumpimos, sabes que es igual o peor que tú cuando se trata de sus responsabilidades. Sisa no podía contener la variación de sus emociones ante su imposibilidad de ver de inmediato a su Elliot. Ese fue el más tranquilo de sus arrebatos y el inicio de un sinfín de momentos dramáticos que Miranda tendría que enfrentar. Miranda había calculado mal, creyó que sería fácil distraer la atención de su amiga con tan solo resolver los problemas de su entorno. Lo cual no sucedió. El día que casi le da un infarto al llegar de ir a recoger un paquete fue porque encontró a Sisa intentando limpiar las ventanas de la habitación de su hijo, no sabía cómo en su cabeza loca se le ocurrió subir una silla al escritorio para alcanzar lo más alto. Boto el paquete y corrió a cerrar la ventana, porque con cualquier movimiento ella podía salir volando y ni las redes de seguridad que poseía el edificio le salvarían. Ya luego la convenció de no seguir con su arriesgada tarea —¡baja ya! —Pero... Solo quiero que todo esté muy limpio para cuando llegue Elliot —Miranda la vio con ojos acusadores. —Tú nunca le prestas atención a eso y es mejor que no lo intentes, recuerda que tenemos el servicio de limpieza, ellos se encargaran. —Es que extraño a Elliot. ¿Cuándo regresará? Para entonces, ante el silencio de su amiga, Sisa se sentó en el piso y comenzó a sollozar, no le salían lágrimas, era como verla hacer un berrinche. —Levántate, el suelo está frío y podrías enfermar —trato de razonar con ella Miranda. Ella meneó la cabeza de un lado a otro —no, y sabes qué, ya no iré a trabajar hasta que no regrese Elliot. —Si lo que quieres es tomar un descanso, puedo hablar a las oficinas y pedir unos días, a cuenta de los muchos que te deben —y es que nadie podía alejar a Sisa del trabajo, sobre todo cuando estaba a punto de darle cierre a uno de sus proyectos. Así que el que ella misma se alejara del trabajo decía que las cosas se estaban poniendo serias. Esa misma noche su tía le envió un mensaje a Elliot para sondear como estaba la situación, no le contó sobre el drama que ella enfrentaba, no quería arruinar el buen momento que Elliot estaba teniendo a lado de su familia. ... Elliot le llamo al día siguiente, con la diferencia de horarios ya estaba casi listo para irse a dormir. —¿Cómo están? —fue lo primero que pregunto Elliot. —Nosotras bien, ¿y tú? ¿Cómo van las cosas en San Francisco? ¿Cómo te trata tu papá? —un grito se escuchó, era Sisa que había llegado atraída por la conversación. —¿Qué...? ¡Miranda! Déjame hablar con mi Elliot —Miranda giro para encontrar a Sisa detrás de ella, habían sido descubiertos, el celular le fue arrebatado de su mano. —Elliot. ¿Dónde estás? —el niño no contesto, pero tampoco colgó. —Mamá, no soy tu Elliot. —¿De qué hablas? Claro que eres mío, yo te traje al mundo. —Sí, pero no soy de tu propiedad. Ahora estoy lejos y por el momento planeo quedarme donde estoy. Cuídate y no le des problemas a mi tía —se escuchó el bip, bip, pues ya había cortado la llamada. —Lo has oído, dice que no es mío —Sisa se sintió tan desolada, de nuevo regreso a ella ese sentimiento de no tener nada en este mundo. El cual había desaparecido en el momento que conoció a Prescott, quien le había mostrado compasión. La gente buena existía y ella lo recordaba gracias a él, su corazón dolía, sintió que perdía todo lo que le daba sentido a su vida, ella tomaba energías al saber que Elliot la necesitaba, no como a una madre normal, sino como a una madre proveedora. Ella estaba consciente de sus limitantes a la hora de ser madre, se consolaba porque al menos era buena para desempeñar su trabajo y con ello era capaz de generar dinero, con el que podían vivir cómodamente, no como ella, que desde su infancia tuvo tantas carencias, afectivas y de toda índole. Miranda pudo observar el evidente cambio que se dio en su amiga, a partir de la llamada de su hijo. Ahora no solo era atolondrada, también se había sumado el desinterés, se podría decir que era un fantasma deambulando por la casa, no quería ni imaginarse lo que pasaría en su trabajo. San Francisco Los cambios no se hicieron esperar, los abuelos seguían con su entusiasmo a tope, se sentían más vivos que nunca, tenían un propósito y era cuidar de su nieto. Así que se pusieron a planear los cambios que creían necesarios para que Elliot pudiera gozar de espacios acordes a su desarrollo y gusto. La habitación ya estaba siendo revisada por un diseñador de interiores que se la paso interrogando a Elliot, que con total naturalidad le fue dando detalles de lo que deseaba fuera cambiado en su alcoba. Ya estaban buscando un colegio para que continuara con sus estudios, en cuanto a sus necesidades de vestimenta y calzado, fueron cubiertas por la abuela que tenía un recién gusto por las compras en línea. Prescott, no tenía mucho que hacer, más que convivir con el cuándo tenía tiempo a lo que él creía, estaba siendo muy desobligado, pues todo lo que sus padres hacían por el niño eran sus responsabilidades.
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