La lengua iba y venía. Succionaba su clítoris, se metía en su v****a hasta enloquecerla... Ella llevó sus manos hacía el cabello de Ronnie y enredó sus dedos allí. El pasado se fundía con el presente en su dormitorio. Ronnie, el hombre no el niño, se incorporó y le dió un beso, haciéndole probar su propio sabor antes de hundir su v***a con un envión en su v****a. Ella enroscó sus piernas en su cintura. Él tomó una de ellas y la llevó sobre su hombro para hundirse más profundamente en la profundidad de su canal vaginal. —Oh June, por Dios— exclamó. Él aumentó el ritmo de sus embestidas, sin darle a tiempo a la escritora de pensar en qué carajos estaba haciendo, otra vez dejándose arrastrar por esa pasión desenfrenada. Hasta llevarlos a ambos a la cúspide del placer. Un tiempo despué

