POV ALANA
Sabía que me iba a arrepentir y mucho, pero nada podía hacer, no cuando le dije a Finnick que iba a aceptar esta locura. Tenía que hacerme cargo de todo porque era mi responsabilidad, yo era la más grande y en mí tendría que recaer todos los malditos problemas, no en el hijo adoptivo de mi padre.
Lo que sí me intrigaba era que la persona que me decía quererme cómo una hermana no me quisiera decir quién era el maldito prometido. Conocía a mi padre y sabía que, para elegir a un prometido para su hija, él se fijaría que tengan la misma clase que nosotros y no había muchos así o por lo menos no que no fueran mis mejores amigos y eso sí que no podía aceptar, mis amigos eran eso y siempre iban a ser eso.
- ¿Sigues pensando en quién será el afortunado? -Yo ruedo mis ojos y me doy vuelta para mirarlo, él era tan lindo como malvado -No te preocupes, ya lo conocerás, lo más importante que tienes que saber es que es una buena persona- Lo miro dudando- pero tienes que ir a prepararte porque en una hora va a estar acá.
-No traje ropa- Le digo, la verdad es que mi idea no era venir a unirme a la empresa familiar, mi plan era quejarme con Finnick por no decirme lo que en realidad había pasado con el testamento de padre y después iba a volver a mi vida, sin embargo, en este momento lo mejor era quedarme y hacerme cargo de lo que me correspondía por derecho.
-En esta casa siempre hubo cosas para ti- me dijo sonriendo -Puede que te hayas ido, pero él jamás dejo de esperar que vuelvas, siempre decía que en algún momento regresarías y que había que mantener siempre tu cuarto limpio y con todas las cosas que podrías necesitar, él siempre creyó que en algún momento tú volverías.
-Él ya murió- le digo parándome del sillón donde me encontraba y camino distraída hacia las escaleras de la mansión -Lo amaba y me alejo de él.
-No fue porque quiso- Capaz él tenía razón, sin embargo, en la vida hay opciones -Él necesitaba protegerte.
-No me interesa-lo único que podía hacer era huir, en este momento, no necesitaba que me dijera esto, no ahora, no cuando él ya no estaba y no podía estar conmigo y ayudarme a resolver
Subo al que era mi cuarto y estaba, tal y como lo recordaba, unas paredes y techo azul con pequeñas estrellas amarillas. Las cuales mi mamá y mi papá habían dibujado cuando se enteraron de que yo venía en camino, pero no quería recordar cómo mi mamá hablaba de eso, no quería sentir cariño por esas personas que me dejaron sola.
Fui al armario y vi que Finnick tenía razón, mi ropa que usaba cuando tenía 18 años habían desaparecido y ahora había otro estilo de ropa, era toda la ropa de esta temporada y me sorprendió, no podía creer que siguieran haciendo esto. Era lo mismo que madre hacía para mí, todos los años mi madre compraba toda la temporada nueva y la ropa de la temporada anterior la regalaba a los refugios o a los orfanatos, pero no entendía por qué mi padre y Finnick seguían haciendo eso.
No pensé mucho en que ponerme, solo era una reunión más, por lo que elegí solo un vestido rosa con flores blancas y en los pies me puse unas bucaneras. Dejé la ropa en la cama y me dirigí al baño para bañarme
…
Estaba esperando que mi hermano apareciera, el mayordomo me había dicho que estaba en el estudio con un hombre, por lo que me senté en uno de los sillones de la sala y estaba esperando, aunque en mi mente estaba ocupada pensando si esa persona que estaba con mi hermano en este momento era el que se suponía mi prometido, pero ninguno de los dos se dignaba a salir.
Solo mi papá podía suponer en que la mejor opción para sus hijos era un matrimonio arreglado.
Escucho que se abre la puerta del estudio y me tenso al ver quién salía de ese lugar, no podía creer, dos veces, dos malditas veces me tenía que cruzar al mismo tipo.
-Hermana- Dice Finnick cuando sale de su oficina -Supongo por tu cara que ya conoces a Adriel, él es tu prometido
-Lo sabes más que nadie ¿No hermanito? - Lo iba a matar, él sabía que lo conocía, por eso no me había dicho desde el principio quién era mi prometido, pero no dije nada, solo me acerqué a ellos y le di la mano Adriel -Soy Alana Elizabeth Foster
- ¿No eras Thompson? - pregunto sonriendo y yo quería pegarle para que no dijera nada más.
-Deja de molestarla, este día quiero dormir tranquilo.
-Lo dudo- dije haciendo mi sonrisa más sombría y me dirijo a sentarme otra vez en los sillones de la sala, mirándolos a ambos - ¿Se supone que tú eres mi prometido?
No podía creer que un hombre que buscaba chicas para una noche fuera mi prometido, aunque yo no era mucho mejor que él, porque fui la que lo busco.
-Yo no soy tu prometido- contesta él, parecía enojado
-Tu hermano y mi hermana están prometidos, ahora él es el heredero de esto, no tú
-Si lo soy- le digo haciendo una sonrisa sensual -Soy la heredera y es lo que te conviene a ti, si no tu hermana va a tener que dar a luz a un bebe dentro de un año para poder seguir con el control de las empresas Foster
- ¿Qué? - grito y se dirigió a mi hermano con furia -Jamás hablaste de esto, solo tiene 18 años.
-No te preocupes- les dije acercándome a ellos para alejar a Finnick de un muy enojado Adriel -No planeo dejar que mi hermano se case para mantener a flote a mi compañía y tampoco que corran peligro por el puesto que van a tener
No digo nada más, me dirijo otra vez a mi cuarto, no necesitaba esto, no necesitaba hablar con él, hablaría con Henry y le preguntaría si podía anular ese testamento, mi padre no podía arruinarme mi vida así, no ahora, cuando ya estaba bastante arruinada por mis propias decisiones.
Quería largarme a llorar, algo que no hacía desde que había perdido a mi mamá, es que todo me sobrepasaba y ya no podía seguir fingiendo que era fuerte, la chica que nada le afectaba ya no estaba desde que cruce la entrada de esta casa, ya me había cansado de ser fuerte, por una vez en mi vida quería que alguien estuviera para mí abrazándome y yo poder descargar todo lo que tenía adentro.
No era mucho pedir