La respuesta era tan simple. Una palabra. Todo lo que tenía que hacer era decirla. "Detente". Sus manos recorrían su cuerpo, y todo lo que podía pensar era en querer sentirlas sobre su piel, debajo de su ropa. Sus labios estaban presionados contra su cuello, y todo lo que ella quería era que estuvieran en todas partes, besando y mordiendo. Escuchó cómo él le pedía que le dijera que se detuviera, pero lo único en lo que podía pensar era en pedirle más. Mia pensó en la carta de renuncia que ya había escrito. Ella ya se iba. No había nada que pudiera evitar que eso sucediera. Le dio un poco más de excusa para permitir que lo que estaba pasando, sucediera. Luchó consigo misma, tratando de procesar sus emociones y lo que sabía que era lo correcto, antes de que finalmente tomara una decisió

