Ella se mordió el labio inferior. No había querido admitirlo ni siquiera para sí misma, y mucho menos en voz alta para él. Pero se dirigían a algo desconocido, y tal vez ambos estaban un poco nerviosos y necesitaban calmarse. —Y yo también quiero que pase esta noche —murmuró Mia—, como quise las otras dos veces. Realmente no quiero que seas nada más que tú mismo conmigo. Quiero que sea real y crudo. Ryan presionó sus labios contra su cuello, mordiendo y chupando con cuidado de no dejar marcas. Le masajeó el trasero, palpando su carne y presionándola contra él. Mia deslizó los dedos por su cabello y rascó suavemente su cabeza con las uñas. —Te llevaré esta noche —le prometió Ryan—. Te voy a marcar, a morderte y a pasar horas tocándote. Luego voy a entrar en ti y hacerte mía. Mia escuch

