Vladimir Creí haber escuchado mal, tal vez es parte de mi paranoia y mi miedo constante de perder a mi mujer. Pero la duda se disipó cuando vi la cara de Roma, estaba blanca como un papel y totalmente dura. - ¿Qué has dicho Roma? - casi no pude articular esas palabras, mi mandíbula estaba tan apretada que me rompería los dientes. - Iremos con Alec - retorcía sus manos, aunque quería mantenerse firme el cuerpo la traicionaba- solo nosotros. - No, no - tome mi cabeza - no iras, no me importa que te despidan. Volverás conmigo. - ¿Te escuchas? - ella está molesta, pero yo estoy furioso- iremos a trabajar, nada más. Como lo hacía en tus hoteles. - Claro que me escucho, la que no escucha, no ve, ni se entera que esto lo hace a propósito eres tu! - no quería gritarle, odiaba pelear co

