Suspire pesado y me levanté de la cama. Hoy era oficialmente mi primer día de trabajo, mi tarea principal era despertar niñas, darles de desayunar y ayudarlas hacer sus tareas. Era relativamente fácil, aquí el único problema era que no simpatizaba mucho con los niños, no me desagradaban, pero tampoco era fan de ellos. Camine a mi armario en búsqueda de mi ropa cuando la puerta se abrió de golpe. Al girar Eros estaba parado frente a mi. —No lo acepto.—dijo y se pasó las manos por el cabello. —No puedo aceptar que me dejes si aún no iniciamos, no puedo aceptar que te rindas a la primera. —quería hablar, pero cada que lo intentaba me cerraba la boca. —Sé que en un inicio dije que solo sería un fin de semana, pero ¿Sabes que tortura será estar contigo compartiendo el mismo techo, pero no

