Aleuzenev salió detrás de Derick y, enfurecida por su reacción Murmuró: —Anda a tirar la puerta de tu casa ¡gran imbécil.! Derick la mató con la mirada y, balbuceó: —Me tiene cansado, escuchar en cada conversación el nombre de Dylan.—apretó los puños, y prosiguió.— si tanto te interesa él, quédate con él y ya. Ella encendida más que el infierno, le puso el dedo bruscamente en el pecho y, balbuceó: —¡Perfecto! , Lárgate de mi casa, si te vas a poner así , por cosas insignificante, no me quiero imaginar cómo me vas a querer controlar si vuelvo a vivir contigo. Derick se quedó callado inmóvil, por varios minutos reflexionando y, tras unos instantes, él se calmó. Aleuzenev notó que se había calmado por la forma en que hundió los hombros. —¡Perdóname!, no debí ponerme así, pero para mí n

