La reina Brida ni siquiera tuvo la necesidad de convocar a una reunión porque, apenas circularon las noticias, las demás reinas de la Alianza la contactaron al instante desde sus comunicadores. Brida las atendió, preparándose mentalmente para escuchar sus reproches. Pero eso no sucedió. Tanto la reina Nadelina como la reina Jucanda se veían pálidas del susto, como si fuesen sus colonias las afectadas por los antimonárquicos. Sin embargo, lo que ignoraba la joven reina era que cada una tenía sus propios problemas internos. Por un lado, Nadelina aún se recuperaba del shock que le causó el intento de atentado que casi sufrieron ella y su hija a manos de la amante del rey. Por otro lado, Jucanda ya estaba en la última fase de su embarazo y todos los médicos le exigían reposo absoluto, ya

