- ¡Mocosa insolente! ¡Le advertí que se mantuviera tranquila! La condesa Yehohanan regresó a la Capital por unos días. Todavía tenía que ayudar al príncipe Rhiaim con su misión, pero esta vez debía solucionar si o si el asunto con Aurora para detener en su afán de restaurar el reino en plena crisis. En esos momentos se reunió con Azul, su espía más fiel. Ambas estaban en un cuarto oscuro, lejos de los demás servidores de la mansión, para hablar de lo sucedido en las últimas semanas. - La muchacha se ve “normal” – le explicó Azul- se la pasa todo el tiempo leyendo libros y, de vez en cuando, sale a pasear con su actual protectora. La he visto también pasar el rato con su compañero. - ¿Compañero? – preguntó la condesa - ¡Sí! – Respondió Azul – se lla

