Cuando la reina Nadelina regresó, lo primero que hizo fue abrazar a su hija, diciéndole que la extrañó mucho. Luego, besó al rey Gilberto en la mejilla y le dijo: - Gracias por cuidar de la princesa. Gilberto lamentó que la reina regresara tan pronto. “Seguro le emocionó la cena familiar” pensó, con amargura. En esos momentos, su amante estaría preparando la comida envenenada, así es que no había marcha atrás. Aún así, todavía quiso posponer ese fatídico momento haciendo el siguiente comentario: - Debe estar cansada, esposa mía. ¿Quiere que les diga a los sirvientes que prepare su cama? - No es necesario – respondió Nadelina, mientras se sacaba su pesado abrigo de piel cubierto de nieve y se lo entregaba a un criado para que lo mandara a lavar – me tomaré

