—¿En serio creíste que te amaba? —Las palabras salieron con brusquedad y desdén. El tono era amargo y carente de empatía. Liam no pudo evitar retroceder, como si algo le hubiera golpeado. Sus ojos se cristalizaron y negó sin parar. —P-pero yo… Y Leo… La carcajada de la chica resonó en la habitación. Se sentía gloriosa, superior y libre de carga. Había trascendido, se había vuelto egoísta y solo le importaba a ella misma. Completamente destrozado, el chico intentó acercarse, pero no avanzaba. Sus pies parecían no moverse, y todo se alejaba. —Bianca. Ese era su nombre, pero no la reconocía. —¡Por favor, Bianca! La escena se quebró y cayó a pedazos. Segundos después de que los ruidos cesaron, se encontró solo en la oscuridad. —¡Mierda, BIANCA! La linda castaña jadeó y abrió los ojos d

