—¡No puedes hacerme eso! —chilló exasperado. —Por supuesto que puedo, está decidido y no hay nada que pueda hacer al respecto. Su cuerpo tambaleó y cayó de rodillas al suelo mientras sollozaba, sintiendo cómo su mundo entero se desmoronaba. —Esto no me gusta más a mí que a ti, pero hay sacrificios que son necesarios en esta vida. Solo entonces pudo tener la vista hacia la puerta que seguía entreabierta, topándose con dos ojos redondos tan parecidos a los suyos. Mierda. … De forma inmediata, sus ojos se abrieron tanto como los del pequeño. Liam casi jadeó al sentir un fuerte dolor en la boca del estómago, algo que lo revolvía y estrujaba sin piedad mientras sentía su rostro palidecer. Sus orbes oscuros no podían creer el terrible error que había cometido, su cerebro comenzó a atacars

