Capítulo 26

2071 Words
Las directas palabras de su amigo me dejan perpleja. Sin miedo, sin pena lo dice con normalidad; tal vez en ellos sí, pero para mí, aún no me acostumbro. —Me es grata tu idea amigo, pero me gustaría que cenemos primero. Quiero que se conozcan —propone Jaxon, frenando a su lujurioso y necesitado amigo. —Tienes razón amigo, fue muy precipitado de mi parte. Sentémonos. Cada quien toma su respectivo lugar, inmediatamente llega el mesero y nos extiende la carta. —Bienvenidos, ¿qué desean de comer esta noche? —saluda el mesero amablemente. —Yo quiero una pasta con una pechuga cordon blue —le pido al mesero. Fue lo primero que se me antojo al ver el menú. —Tráigame lo mismo. Quiero conocer lo gustos de mi novia. El comentario de Jaxon me ruboriza, siento una pequeña descarga crearse en mi estómago y se expande por todo mi cuerpo erizándome la piel, «Qué lindo.» —Yo quiero una ensalada cesar con langosta —habla el apuesto hombre de ojos azules. —En unos momentos les traigo sus alimentos. El mesero le sirve vino a Alexandre, hace una reverencia y se aleja de nuestra mesa. — ¿Y cómo te ha ido Jaxon? —pregunta el moreno de ojos azules. —Bastante bien, la colección pasada se vendió bien y obtuve más socios. Espero abrir una cede en Holanda. —Eso es genial, me da gusto por ti... Brindemos. Alexandre levanta su copa y también levantamos nuestra copa y brindamos. Bebemos el líquido espumoso y continuamos con la plática. —Y tú Mallory, ¿cómo conociste al gruñón de mi amigo? —sonrió por la referencia de hacia Jaxon. —Trabajo con él, soy su asistente —confieso. — ¡Oh! Entiendo. Atracción de jefe y secretaria. —Si, algo así. Alexandre toma su copa y se sirve más vino, el de nosotros aún está lleno. Deja la botella y levanta su copa. —Brindo por la nueva pareja. Les deseo una buena vida de novios —Jaxon sonríe ante la actitud de su amigo —. Jaxon, cuida a tu hermosa novia y más de los hombres, no la dejes. Es la segunda vez que te veo con pareja y no quiero que mi amigo se quede solo por gruñón —le aconseja —. Mallory, cuida a mi mejor amigo, no lo dejes ir, es momento de que empiece a compartir su vida con una buena mujer… Brindo por su felicidad, salud por los novios. Jaxon y yo levantamos las copas y brindamos. El ambiente se torna cómodo, una plática surgió de amigo a amigo y de vez en cuando me incluyen. En un par de minutos llega el mismo mesero que tomó nuestra orden, deja nuestra comida y se retira; los tres empezamos a comer. —Jaxon ¿Te enteraste de lupercalia? Ben y su esposa fueron elegidos para organizar la fiesta. —No, aún no. Tienen un mes que no hablo con él —comenta. —Con eso de que se fue de luna de miel perdimos a nuestro amigo. Está de regreso y junto a su esposa prepararán el festín, incluso invitarán a extranjeros. —Pensé que Ben dejaría de ser luperco por su esposa. —También pensé lo mismo, pero ya sabes Hanna es igual a él. Son tal para cual. —Ben supo bien con quien unir su vida. Me alegró por él —deja me mirar a su amigo y se enfoca en mí —Nena, estás muy cayada. Logro de salir de mi transe, están hablando en otro idioma que no comprendo. ¿Lupercalia? ¿Luperco? «¿Qué mierda es eso?» —Estoy disfrutado la comida —me excuso para no quedar cómo tonta. Jaxon asiente y voltea a ver a su amigo cuando le habla. — ¿Irás a la fiesta? —pregunta. Entiendo que hablan de una fiesta, pero fiesta de qué. Además, no entiendo el significado de las palabras claves, estos dos hombres se entienden bien y yo estoy quedando cómo tonta tratando de entenderlos. Hay algo que Jaxon aun no me explica y necesito saberlo. Alexandre hace señas con sus ojos dando el mensaje que sí sé de lo que hablan. —No te preocupes, Mallory sabe de esas fiestas —le aclara. Alexandre se sorprende y posa sus azules ojos en mí, yo aun sigo con cara de no entender. Lo único que se me viene a la mente con las palabras de Jaxon es aquel lugar en donde me compartió; desde ese día no me ha explicado más a detalle lo que es ese lugar. — ¿Y no saliste huyendo? —me pregunta con una ligera diversión en su voz. —No. Debo confesar que, si me disgusto al principio, pero... —Te gusta —termina la frase por mí. Me avergüenzo porque sus palabras acertaron. Si cualquier persona con la misma moralidad que los demás pensaría que es pecado lo que hacemos. Sé que ellos son diferentes, tienen otra manera de disfrutar el sexo y puedo hablar libremente. —Aún no me acostumbro —confieso. —Solo la he compartido una vez —admite Jaxon. —Y iré a la fiesta si Mallory quiere ir conmigo. Comienzo a comprender más de lo que hablan. Las fiestas que Alexandre denomino lupercalia son esas fiestas de sexo que fui con Jaxon, estoy desconcertada. —Mallory, sé cómo te sientes —Alexandre me mira —. El sexo no es malo, ni es pecado; el mundo cree que es algo irrespetuoso, sucio, mal visto, en fin... No me vas a negar que ellos lo hacen, no cómo nosotros lo hacemos, pero si a su manera. Nosotros disfrutamos del sexo, del placer que nos brindan y del que brindamos. Crees qué si el sexo fuera pecado, algo indebido ¿Dios dejara que existiera? No verdad, el sexo no es malo, lo que sí es malo es la forma en cómo se dirigen al acto, es normal tener sexo. Los lupercos agregamos más cosas al asunto. Es un placer que nos brindamos, así como tú te das el placer de comer tu comida favorita, comprarte ropa; no es nada malo, solo es la sociedad que lo ve diferente —explica. Sus palabras tienen razón, no debo de avergonzarme si quiero cumplirme un gusto s****l. Es la naturaleza de la vida, por medio de las relaciones sexuales existe la humanidad, no es algo de otro mundo. Me llama la atención ir a esa fiesta. —Jaxon, quiero conocer nuevas cosas, quiero experimentar —me sincero con mi pareja. En este tipo de asunto de las parejas, ambas personas deben de saber los gustos de cada uno para que la relación funcione y entre los dos sepan que les gusta o que les molesta, así funciona una relación. Ante mi respuesta puedo ver los ojos de Jaxon brillar, me regala esa sonrisa sensual y cautivadora que tiene. —Nena, ¿quieres intentarlo? Tenemos a Alexandre, él también es un luperco —me propone. Aparto mí vista de los ojos grisáceos y miro al moreno de enfrente, quien se muerde el labio. Su mirada está fija en mí, puedo ver en sus ojos lo ansioso que está de que acepte la propuesta. Al conectar miradas alza una ceja dándome a entender si apruebo dicha oferta; regreso mi vista de nuevo a mi novio. — ¿Quieres sentir realmente el placer? —su mano se escabulle entre mi vestido hasta llegar a mi tanga. Veo de nuevo a Alexandre que está apreciando la escena erótica. Los dedos de Jaxon acarician mi clítoris sobre mis bragas, sus caricias me erizan la piel que mi mano aprieta la servilleta. Estoy segura que en mi rostro se refleja lo excitada que estoy. Me es excitante el ver cómo Jaxon me acaricia y cómo Alexandre aprieta la copa entre su mano, sé que también esta excitado. —Solo si tú estás conmigo —contesto. —Nunca dejaría que otro hombre te toque sin mi consentimiento. Advierte y después me besa en los labios. —Entonces, si quiero hacerlo. Ambos hombres sonríen ante mi respuesta. Jaxon aparta su mano de mi entrepierna y pide la cuenta, la paga y en seguida subimos a su auto. Alexandre nos invitó a su casa para que nadie nos interrumpa; aceptamos y seguimos su auto detrás de él. Durante el camino me pongo ansiosa o nerviosa, no sé, pero puedo asegurar que ambas. De solo imaginar a esos dos hombres follándome con salvajismo mi entrepierna comienza a latir. —Nena, ¿estás segura de esto? No quiero obligarte a algo que no quieras —me acerco a él y lo beso en el cuello. —No estoy obligada a hacerlo, realmente quiero sentir más allá del placer, pero no lo haré sin ti. Quiero tenerte a mi lado, que ambos disfrutemos de esto. —Así será —me sonríe y yo le sonrió a él. No tardamos en llegar, nos adentramos a un pent-house cómo el de Jaxon, aunque un poco más pequeña y menos extravagante. Primero se estaciona Alexandre enfrente de su casa y atrás de él nosotros, bajamos del auto reuniéndonos los tres. —Sean bienvenidos a mi hogar —menciona el sexy hombre de ojos azules. —Gracias —le agradezco. —Síganme. Alexandre abre su puerta con un código y nos permite el acceso. Sus gustos son diferentes, a simple vista Alexandre se ve un hombre duro, rígido, estricto y serio, pero feliz. Sus gustos son contrarios a Jaxon, totalmente, su estilo es más vintage, es moderno con muebles caros. Lo seguimos hasta entrar a la increíble sala. Nos brinda asiento mientras él va por algo de beber, al perder a su amigo de vista Jaxon toma la oportunidad de hablar conmigo. —Nena, si algo no te gusta me lo dices. ¿Entendido? —Ok, está bien. —Te lo digo porque Alex suele ser rudo. En algunas ocasiones —me advierte. — ¿Ya has estado con él? Bueno, me refiero a hacer trío —explico bien para no darle otro sentido a mis palabras. —Solo dos veces y contigo tres, pero no quiero que te lastimé, me importa tu placer. Esto es para sentir placer los tres no solo nosotros dos. —Entiendo, te diré si algo me disgusta. Le sonrió para darle a entender que estoy decidida a hacerlo; me devuelve la sonrisa y beso sus labios con un pequeño beso. Alexandre se presenta en la sala y con él trae tres vasos y una botella de whisky. Vacía en los vasos dos hielos y después vierte el líquido. —Me es honorable de tu parte Mallory que me tomes en cuenta para ser parte de esto —me habla para entrar en confianza. Me regala una cautivadora sonrisa y yo le devuelvo la sonrisa. — ¿Quieres ser el primero en empezar Jaxon? —le pregunta a su amigo. —Si. Jaxon toma un vaso y me lo extiende, un poco dudosa lo sujeto. —Bébelo —me ordena. Miro el contenido y lo vacío en mi boca. Siento el ardiente alcohol resbalar por mi garganta, hago una mueca por lo irritante en mi garganta y dejo el vaso en la pequeña mesa de cristal de centro. Jaxon al igual que Alexandre toman un vaso y se sientan en el sofá más grande quedando los dos enfrente de mí. Beben del licor sin hacer ningún gesto cómo si hubieran bebido agua. Ambos toman una postura de superioridad, Clark recarga su codo en el brazo interior del sofá y posa su mentón en sus nudillos, Alexandre cruza su pierna recargando su espalda en el respaldo y su brazo en la parte superior del respaldo. Ambos me ven con ojos de fieras en espera para cazar en el mejor momento a su presa. —Nena, desnúdate —ordena mi amo. El corazón se me acelera y el calor invade mi cuerpo; las manos me tiemblan por las intimidantes miradas de los ojos grisáceos y azules. Debo tranquilizarme y no dejarme ver como una presa ante esos leones, debo cautivarlos con mi belleza. Motivada, respiro hondo y me tranquilizo. Decidida y empoderada agarro el inicio de mi vestido y lo levanto dejando ver mis piernas dejando a ambos hombres cautivados por mi piel expuesta y ansiosos de verme desnuda.
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