✤ ┅ Doce años atrás...┅ ✤
- ¡Oh, Laura, no sabes cuánto lo siento! -dijo Claudia con preocupación.
-Los trabajadores sociales me advirtieron que, si Beatriz no cambia su comportamiento en seis meses, la enviarán a un reformatorio para niños con problemas de conducta -confesó Laura con angustia.
- ¿No has intentado cambiarla de escuela?
-No creo que eso solucione el problema. Beatriz tiene un carácter complicado, pero es una niña muy buena en el fondo, muy sentimental.
-Lo sé. Ella se lleva muy bien con Robe y con mi hija Lorena.
Laura suspiró profundamente, su voz temblorosa.
- ¿Qué voy a hacer? No quiero que la lleven a un lugar así. Si eso pasa, su comportamiento cambiará y su lindo corazón se cerrará para siempre.
Claudia reflexionó por un momento, buscando una solución, hasta que de repente una idea iluminó su mente.
-Laura, escucha, tal vez tenga una solución.
- ¡Lo que sea! Dímelo, por favor -pidió Laura con desesperación.
-No sé si él sigue haciendo este tipo de trabajo...
- ¿Él? ¿De quién hablas?
-De un profesor particular, un instructor que no es muy conocido. Se dedica a educar niños, pero no da clases en casa de los alumnos, sino en su propia casa.
-¿Sabes cómo puedo localizarlo? Tal vez sea la única oportunidad que me queda.
-No estoy segura, pero puedo llamar a una amiga cuyo hijo se instruyó con él.
-Te lo agradecería mucho.
✿❀◊❀✿
Laura conducía por un vecindario desconocido, con Beatriz, de solo ocho años, sentada en el asiento trasero. Tras varios minutos buscando la dirección, finalmente llegaron.
- ¡Al fin, esta es la casa! -exclamó Laura aliviada.
- ¡Mamá, este lugar es lindo! -dijo Beatriz con entusiasmo.
La niña tenía razón, el jardín frente a la casa estaba impecablemente cuidado, lleno de flores y árboles frondosos. Beatriz, inquieta y traviesa, se soltó de la mano de su madre y corrió hacia el jardín.
- ¡Beatriz, espera! No puedes correr aquí sin más.
Un hombre de mediana edad, que parecía ser el jardinero, apareció desde detrás de unos arbustos.
-Oh, señor, perdone la imprudencia de mi hija. La regañaré severamente -se disculpó Laura apenada.
-No se preocupe, señora. Al amo de esta casa no le molestan los niños. Además, su hija solo está disfrutando del jardín, no ha hecho nada malo.
Beatriz miraba embelesada el jardín.
-Mamá, este lugar es como un sueño.
Laura se sorprendió al ver a su hija tan encantada y tranquila. Incluso ella notó que el lugar emanaba una sensación de paz y seguridad.
-Busco al señor Yhám.
-El señor está dentro de la casa. Por favor, pase y toque la puerta principal.
Laura avanzo hacia la puerta. Laura tocó suavemente y una mujer de mediana edad abrió.
-Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?
-Buenos días, busco al señor Yhám.
-Ah, sí, por favor entren y esperen un momento.
-Beatriz, ven, vamos a entrar.
Beatriz corrió alegremente hacia su madre, pero desde una ventana, alguien observaba atentamente a la niña.
-Síganme, las llevaré a la sala de visitas -dijo la mujer amablemente.
La casa era aún más impresionante por dentro, con una decoración elegante y detalles exquisitos, el sonido de la casa era tranquilo mezclados con los ruidos naturales del exterior y el olor era al inconfundible incienso de sándalo. Laura no pudo evitar mirar a su alrededor con admiración, mientras Beatriz examinaba cada rincón con curiosidad.
Al llegar a la sala de visitas, la señora le indica que se pongan cómodas en lo que llega el señor Yhám. Minutos después, un hombre alto, elegante, vestía con un traje gris, sus ojos azules eran intensos y cabello largo rubio dorado y semi recogido, entró al salón. Su presencia era imponente y serena. Tanto Laura como Beatriz se quedaron impresionadas.
El hombre se sentó en una butaca, cruzando las piernas con elegancia. La mujer que las había recibido trajo té para Laura y el hombre, y un refresco para Beatriz. Luego se retiró, dejándolos a solas.
-Buenos días, señor Yhám. Soy la señora Laura. Disculpe mi inesperada visita, pero me urgía hablar con usted -dijo Laura con nerviosismo.
El hombre la observó con calma y respondió con una voz suave y madura.
- Las mejores visitas son las inesperadas, señora Laura. Recibo pocas visitas, por eso me tomó por sorpresa. Pero si ha venido hasta aquí, supongo que hay algo importante en lo que puedo serle útil, ¿cierto?
-Sí, señor. Me dijeron que usted trabaja como profesor particular de niños.
-Eso es correcto -dijo Yhám, tomando un sorbo de té.
-He venido para ver si podría darle clases a mi hija personalmente.
Yhám permaneció en silencio unos segundos, observando a Beatriz, quien no había dejado de mirarlo con atención.
-Mamá, ese señor es un elfo -dijo Beatriz de repente.
Laura se estremeció al oír las palabras de su hija.
- ¡¿Qué dices, Beatriz?! Deja de ser irrespetuosa con el señor
-Pero, mamá, es verdad. Es como los elfos de los cuentos que leo.
-Beatriz, no seas grosera con el señor. ¡Discúlpate ahora mismo! -ordenó Laura.
Yhám abrió los ojos sorprendido y luego esbozó una sonrisa suave.
-Señora Laura, espere -dijo Yhám levantándose de su asiento -No se preocupe, señora Laura. Los niños suelen ver lo que los adultos olvidan mirar.
Se acercó y se agachó a la altura de Beatriz.
- ¿Un elfo, dices? ¿De verdad crees que lo soy?
Beatriz lo miró fijamente.
-Sí, lo creo.
- ¿Por qué piensas eso?
-Porque vive en un lugar hermoso, rodeado de árboles y césped muy verde. Además, los elfos también viven en lugares así, y usted parece uno.
- ¿Me permites decirte un secreto?
- ¿Un secreto?
Beatriz asintió con entusiasmo, mientras Laura observaba la escena, sorprendida por la conexión inmediata entre su hija y el misterioso profesor.
Él sonrió con un gesto misterioso y susurró.
-Tal vez tengas razón... - dijo Yhám guiñándole un ojo y llevándose un dedo a los labios.
Beatriz abrió los ojos sorprendida ante la afirmación del profesor.
-Entonces hacemos un pacto. Tú guardas mi secreto, y yo te contaré las mejores historias que jamás has oído. ¿Trato hecho?'
-¡Se lo prometo, no le contaré a nadie su secreto, señor elfo!
Laura miraba la escena asombrada. Ver a su hija tan tranquila y alegre le resultaba inaudito. Siempre había tenido dudas sobre si Yhám, siendo tan joven, podría manejar la conducta problemática de Beatriz, pero esta escena la hizo pensar que tal vez había tomado la decisión correcta al traerla.
-Beatriz, ¿quieres ver otras cosas interesantes de este lugar? -preguntó Yhám con tono amable.
-¡Sí, por favor, señor elfo! ¡Quiero seguir viendo este lugar hermoso y maravilloso!
Yhám abrió la puerta y llamó:
-¡Señora Amber!
Desde el pasillo se escuchó una voz responder:
-Sí, señor. ¿Qué desea?
La mujer se acercó con paso firme.
-Por favor, acompañe a Beatriz a recorrer la casa.
Laura se estremeció y se levantó rápidamente.
-Señor Yhám, ella es...
Antes de que pudiera terminar la frase, Yhám se llevó un dedo a los labios, indicándole que guardara silencio.
-Llévela al jardín trasero, estoy seguro de que le encantará.
-Sí, señor Yhám -respondió Amber.
-Sígueme por aquí, señorita Beatriz.
Beatriz miró a Yhám con una expresión de súplica.
-Señor elfo, ¿no vendrá usted?
Yhám le sonrió con gentileza.
-No puedo ahora, mi niña. Tengo algo importante que hacer.
-Pero quiero que me acompañe usted también... - dijo Beatriz haciendo arrugas mientras tiraba con sus manos al pantalón de Yhám.
Yhám sonríe ante el gesto tierno de Beatriz y se agacha para estar a la altura de ella.
-Te prometo que pasearemos en otro momento. Tenemos tiempo para ello y como te dije hace un rato te voy a contar historias que jamás has escuchado.
Beatriz sonrió ampliamente.
-¡Una promesa!
Extendió su pequeño meñique hacia él. Yhám, divertido, juntó su meñique con el de ella.
-Es una promesa, pequeña.
Laura no podía creer lo que veía. Su hija, quien solía ser impaciente y demandante, estaba actuando de manera sorprendentemente tranquila.
-Entonces ve con la señora Amber a dar un paseo.
Yhám acarició la cabeza de Beatriz y se puso de pie.
-¡Sí!
Beatriz tomó la mano de Amber.
-Por aquí, señorita. Te llevaré a un lugar que te encantará.
La voz de Amber se desvaneció por el pasillo mientras ambas se alejaban. Yhám las observó un momento antes de cerrar la puerta, quedándose a solas con Laura.
-Señora Laura -dijo, girándose hacia ella - Ahora, por favor, siéntese y cuénteme todo lo que necesito saber sobre la niña.
-Entonces, ¿va a aceptar...?
Yhám señala el sofá y Laura notó que seguía de pie, así que apresuró a sentarse.