La gran mayoría que no la conocía estaba con la boca abierta, lo que, si lo hacían, no tanto. Keenan desde los balcones la escucho, pensando “ella no deja de sorprenderme, todos que estamos aquí podemos matarla sin esfuerzo y le importa un comino”
Dylan se fue a los vestidores, a cambiarse porque iba a luchar en artes marciales mixtas, que era lo único que le gustaba de todo esto, -en serio, tenías que hacer eso- dijo Luc con los brazos cruzados apoyado a la pared
Dylan detrás de la puerta, respondió –en realidad, no, pero alguien tenía que decirlo-, después dijo –pásame las vendas blancas, porfa- extendido la mano por encima de la puerta
- ¿Por qué te comportas así? - pregunto Menw cuando llego a los vestidores, no había razonamiento lógico en la forma de ser de ella
- ¡ay no! Ustedes hacen un show, por lo que dije. Ni hubiera hecho estallar el Empire State- dijo Dylan saliendo del vestidor
Ella vio a Menw y Luc completamente desnudos, diciendo –ya me quedé ciega, me traumaron de por vida- tapándose los ojos
Menw se puso una toalla diciendo –ya deja la payasada y quítate las manos de los ojos- le gustaba que ella lo mirara, pero no se lo admitiría por ahora
Se puso una bata diciendo –ya paso, loca- riéndose, para ser una chica que se crio entre hombres, es un poco ridícula
-ya esas terribles imágenes quedaron en mi retina- dijo Dylan fingiendo espanto, busco la bolsa que había traído, saco los regalos de esos dos y se los tiro y dijo –para ustedes, bobos- y se fue
Dylan estaba con una coleta, un pantalón corto azul y top sin mangas, obligo fuera, n***o, envueltas en vendas en las manos y unos guantes de boxeo en negros.
Estos eran juegos de guerra que Jack, vendía por PPV, que se trataban de peleas de artes marciales mixtas, entre centinelas. Carrera de moto croses, por toda ciudad, competencia de windsurf, saltos Boeing desde los rascacielos y subway surfers (correr por las vías del metro).
Dylan salió al heptágono, donde la esperaba su rival. Ella subió las escaleras mientras muchos hombres le silbaban; cuando estuvo frente a frente con su rival; este dijo arrogante y confiado –tranquila nena, solo te dolerá un poco. No peleo mucho contra las muñecas- mirando depravadamente
Ella se dio cuenta que era otro estúpido, diciendo –solo espero que sea un combate limpio- le dio la mano y se fue cada uno a su esquina
Él le pego primero, cuando ni siquiera había sonado la campana, ella lo miro y le dio una patada alta en la cara, después le dio un puñetazo para tumbarlo al suelo y le cayó a caerle a golpes, no le dio, ni una sola oportunidad, luego lo levanto y lo estrello contra la cerca para volverlo a tirar al piso
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Ana desde los balcones estaba observando como Dylan, atacaba a golpes a ese hombre que era mucho más grande que ella y a simple vista más fuerte, pensó en voz alta - ¿Cómo puede hacer eso? -
Jack escucho a la consorte, y le respondió –es simple, señora. Dylan es una máquina de combate, experta en 27 formas de combate con o sin armas; tiene 25 veces la fuerza de un hombre y se cree que es más fuerte de lo normal, además nunca ha perdido una pelea desde la academia- en tono explicativo
Ana veía que esa que estaba allá abajo no se parecía en casi nada a la Dylan que conoció cuando la fue a cuidar, esta actuaba con ira, exclamo - ¡lo va matar! - exaltada, no estaba acostumbrada a tanta brutalidad
Jack en tono calmado dijo –no señora, no lo hará. Dylan nunca matado a nadie- mirando hacia el hexágono, notaba que Dylan se le estaba pasando la mano.
Helena que también estaba en el balcón, para fastidiar a Drake y todo el que se pudiera dijo –deja de preocuparte, además ¿a quién le importa? Si se mueren, Anita- la última parte la dijo de burla
Drake estaba tan concentrando mirando la actitud de su hija, que él no sabía cómo acercársele, no tenía esa facilidad como su consorte; hasta que oyó a Helena y le respondió en forma cortante– Eso se aplica en tu caso, Helena solo a Merite, le dolía tu muerte y no mucho, es más celebraría-
Dylan lo había dejado inconsciente y sangrando, solo en el primer round de 3min, nadie le soportaba los tres minutos completos, uno sus rasgos de demoniacos habían salido a flote, los ojos almendrados. Dejo tirado en suelo al rival y salió de hexágono, quitándose los guantes y tomando el regalo de Esther que lo había envuelto en una bata y dejado en su esquina.
Ella se fue hasta la cafetería por un gatorade, ella seguiría entrenando; abrió la nevera y tomo el gatorade rojo. Le dejo el regalo de Esther en la mesa de cocina y se fue a los pasillos; le llego una misión al intercomunicador, que cuando están en la agencia se activan automáticamente. Y decía
“misión 274, reconocimiento de las fronteras de territorio, ubicación: isla de North Brother, East River, Nueva York” Dylan leyó la información y busco en el satélite
Tomo sus armas y se puso un enterizo de pantalón y manga corto, botas de combate y una chaqueta de cuero y Kevlar, y se llevó varios equipos; salió por la puerta de los depósitos, no tenía ganas de ver nadie, ni que la molestaran. Se fue la Grand Central Terminal, mientras escuchaba música con sus audífonos, vio que tendría que montar en dos trenes y caminar.
Pidió su pasaje y se subió, muchos de los pasajeros la miraban con extrañeza, claro, no era común ver a un centinela trabajar en navidad, o con tantas armas, ella los ignoraba y a la vez comprendía su curiosidad, observo como atravesaba medio Manhattan.
Keenan se preguntaba ¿Dónde estaba Daphne?, no había aparecido por más de 1 hora, después del combate, se levantó de su silla, dispuesto a buscarla; él ya no tenía nada que hacer aquí, ni ella tampoco.
Dylan solo había tardado 48 minutos y luego tendría que correr unos minutos y nadar y ya estaba en la dichosa isla, ya se estaba oscureciendo, como era invierno se ponía de noche más rápido, ella busco en el puerto, un barco para ir allá y lo encontró, le pago al dueño 300 dólares y se fue.
Notaba algo extraño en la isla, como un mal presentimiento, siguió adelante hasta que llego a la costa, no olía a ningún humano, ni escuchaba nada humano, solo aleteos de plumas, pensó que eran de las aves. Se adentró a la isla que tenía un denso bosque, tomo su sais y empezó a introducirse, cortando las hierbas y ramas en su camino.
Llego a un claro donde se veía el cielo, que ya era de noche, estaba tan oscura, sin estrellas, sin luna, solo nubes y el n***o azulado característico de una noche fría; continuo su camino hasta llegar a unos edificios abandonados, que ella suponía que era parte del hospital, que alguna vez hubo allí; activo su vista nocturna, aunque no era muy buena y saco una linterna para ayudarse.
Escucho unos chirridos, entonces sintió el olor a veneno y a pollo mojado con esencia masculina, pensó aterrada “¡estoy en el territorio de arpías macho! ¿Cómo es posible que me mandaran aquí? Si yo soy comida para ellos por mi parte demonio y más porque soy mujer. La agencia, definitivamente quiere matarme de la peor manera”
Ella iba a retroceder, a volver por donde vino, hasta que escucho –mira lo que no ha mandado la agencia, un delicioso biscocho- dijo una arpía en forma cantarina, Dylan observo que era una bandada de ellas y les apunto con sus armas diciendo - ¡atrás o los mato! -
-ay, eso no nos hará ni cosquillas- dijeron en forma de burla, y le escupieron veneno, ella corrió hacia uno de los edificios que habían, mientras el veneno le hacía efecto en sus ropas; el edificio estaba pésimo estado, se estaba cayendo.
Las arpías la seguían y otras entraron por la ventana, ella subió corriendo unas escaleras que había, le estaban lanzando plumas con veneno, que estaba haciendo pedazos sus ropas y sus balas no le hacían el efecto que ella esperaba, solo las atrasaba. Llego a un lugar donde no podía escapar, hasta que el piso cedió y cayó a lo que parecía un sótano. Pensó “estoy perdida, pero no moriré sin pelear”
-Jack sabes ¿Dónde está Dylan? - pregunto Ana curiosa, no la había visto desde la pelea y ella le había prometido ir de compras con ella
-yo también, quisiera saberlo, pero ¡ya! - dijo Keenan, había buscado por todas partes y no estaba, o tal vez estaba en unas de las partes que no podía estar
-pero, no más que yo, requiero verla urgente- dijo Drake de forma muy aristocrática, no admitiría ninguna excusa
-está bien, sires y señora. Acompáñeme- dijo Jack agachando la cabeza, rezando que la computadora le diga que está aquí y no en otra parte.
-Computadora, búscame a la agente Dylan Taylor en el satélite y muéstramelo en pantalla- dijo Jack en forma de orden, entrando a su oficina
-está bien Jack- dijo la computadora, mostrando el mapa de Nueva York, precisamente la isla de North Brother y mostro el punto aproximado donde se encontraba
-enviaste a una demonphr mujer, a un santuario de arpías macho en época celo, en invierno y en la noche- dijo Keenan con mucha ira y casi escupiendo las palabras, uso sus poderes e hizo que se le derritiera parte de la piel a Jack, como si estuviera en el sol.
Drake lo hizo que casi se congelara, pensó “cualquiera sabe que es muy peligroso enviar a una mujer mestiza a un santuario de arpías” - ¿Por qué lo hiciste? - pregunto con voz cortante
-ustedes dos, basta- dijo Ana, Jack había cometido un error muy grave, pero no se merecía que dos leaders lo castigaran, más bien nadie había hecho tanta maldad para merecerlo
Dylan aún se encontraba combatiendo a las arpías, cada vez que vencía a una aparecían dos más, además el veneno de ellas le destruía la ropa y le quemaba la piel, la hería tremendamente. Solo le quedaba la ropa interior porque, ya habían destruido todo con su terrible acido; ellos solo estaban esperando, que ella cayera para hacer un festín con ella.
En su última pelea le había caído veneno acido en los ojos, la habían dejado casi ciega. Por el ruido que hacían no podía fiarse de su oído y todas olían iguales y su olor estaba muy concentrado en ese lugar. No podía sostener sus piernas, no podía contra una bandada por más fuerte que fuera. Sentía que se acercaban más y más a ella, y solo le quedaba retroceder.
De repente hubo un gran silencio y escucho la voz de Keenan diciendo –ella es mía- con una voz terrorífica, la levanto del suelo y la envolvió entre sus brazos; miro a las arpías y le dijo –largo, no las quiero ver- se aseguró que estuvieran lejos y la hizo estallar.
Miro a Dylan, se veía tan indefensa ante ese montón de arpías, no pudo resistirlo y el beso apasionadamente mientras la trazaba al apartamento, había observado los diferentes cortes, raspones y hasta mordiscos que tenía. Luego la soltó y la dejo sentada en la cama.
Ella se había quedo sin palabras, pensó “Me hizo sentir, como si nunca me hubieran besado y me protegió, más bien me cuido, como nadie” aclaro su garganta, buscando que decir y dijo –gracias, Keenan-
-solo a ti, se te ocurre ir a un lugar sin investigar, ¿De qué se trata? - dijo Keenan molesto con ella, dándole la espalda pensó “Es imposible que se cuide tan poco, que sea tan descuidada”
Dylan no entendía la actitud de él, la regañaba como si le importara que fuera de ella y le respondió –a nosotros nos especifican nada, solo nos dan el número, de que se trata y el lugar- aunque solo veía bultos oscuros y le ardían las heridas, ella se levantó
- ¿Qué crees que haces? - pregunto Keenan al verla agarrándose de los muebles, mientras caminaba.
- ¿Qué te parece que hago? Busco el antídoto de arpía y mis pastillas- dijo ella de manera jocosa, tropezando con todo a su paso
Keenan la tomo de la cintura y la volvió a sentar en la cama, exhalo, sentándose junto a ella y pregunto - ¿Dónde está lo que necesitas? -
-realmente no sé cómo pusiste esto, pero está en un botiquín azul con rayas blancas- dijo ella simulando que lo miraba, utilizando su oído y su olfato
Keenan hizo un sonido extraño, se comunicó telepáticamente con Safira preguntando - ¿Dónde colocaste un botiquín que tenía Dylan? - de manera prepotente
-en el cajón derecho de arriba del closet personal de ella, sire- respondió Safira en forma sumisa y temerosa; pensó “¿Por qué le importa tanto a Keenan esa salvaje?”
Él uso su telequinesis y trajo el botiquín, lo abrió y vio que estaba lleno de antídotos, pastillas, polvos, leyó que las pastillas son sustituyentes de sangre; eso era lo único que no le iba dar, quería que tomara de la él
- ¿ya lo tienes? Si lo tienes pásame la botellita con el líquido blanco y la cajilla de pastillas –dijo Dylan extendiendo la mano, ella misma se sanaría sus heridas
Keenan tomo suavemente su rostro, acariciándola, le aplico el antídoto en el rostro, dijo –acuéstate- mientras le seguía poniendo en cada una de las heridas
Dylan se apartó y pensó voz alta –me golpeé la cabeza, muy duro o ya me morí- después pregunto - ¿Por qué me lo pones? y ¿Por qué debo acostarme? - tratando disimular la piel de gallina que tenia
-tus capacidades de visión han sido reducidas notablemente. A casi cero y lo demás es porque así lo deseo, y lo de acostarte, para seguirte aplicando el antídoto en las otras partes de su cuerpo y estés cómoda- explico Keenan, se levantó un momento y la ayudo acostarse, riéndose dijo –no estás muerta, estas muy lejos eso-
Dylan no estaba acostumbrada a este tipo de trato, lo más cerca que lo recibía era de Galen, cuando podía; pensó “por más que lo odie, tiene razón no veo que lo que tengo al frente” sacudió su cabeza y dijo –pásame las pastillas, que por más antídoto que me pongas no funcionara sin ellas-
-no las necesitas, yo soy todo lo que necesitas- dijo Keenan, colocándole antídoto en las piernas, vio que tenía marcas ya cicatrizadas de hace mucho tiempo, más bien antes que se desarrollara de mordeduras y garras; como si la marcaran para alguien
- ¿Qué son esas marcas que tienes el cuerpo? -pregunto él, a medidas que le iba aplicando el antídoto, veía que era marcas muy viejas y estaban por todo el cuerpo, tenía hasta de jeringas, pero que aún estaban allí.
-acabo de venir de una misión ¿no? - dijo ella tratando de esquivar el tema, ella sabía a cuáles se refería, a las que nunca se curaron y la marcaron para siempre.
-no te hagas la tonta, Daphne. Ni juegues conmigo, ni con mi paciencia- dijo Keenan molesto, él la puso a bocabajo y vio las más horribles de las heridas de garras, que tenían mínimo 30 cm de profundidad y la marcaban terriblemente
-ahora me vas a decir, ¿Qué te paso? - dijo Keenan pasando los dedos por las heridas, se puso a pensar “esto ocurrió antes de los 15 años, que revelara su naturaleza para que nunca se cicatrizaran completamente, sin la sangre de un vampiro poderoso, pero si están así después de tomar mi sangre, ¿Cómo estaban antes?”
-no te importa, Keenan- dijo Dylan, no quería hablar de eso y menos con él; no era nadie para meterse en su vida de tal manera
Él se quedó pensativo “ella tiene razón, no debería importarme en los más mínimo. Pero ¿Por qué? quiero cortar en pedacitos aquel que casi la mata, estando tan indefensa”-claro, que si me importa- dijo él, sin pensarlo
-no deberías meterte en lo que no te importa, si a mi jefe no le interesa, ¿Por qué te importaría a ti? – dijo Dylan intentado razonar con él, no quería que indagara su mente, solo quería que la dejara en paz
Keenan le puso dos gotas de antídoto en los ojos, para que lo mirara y le dijo –mírame a la cara, Daphne- tomando su rostro
-te dije que, sin las pastillas, demoraría mucho en hacer efecto- dijo ella controlando su sed de sangre, se le estaban saliendo los colmillos
-no las necesitas, solo toma de mi sangre- dijo Keenan acercándole el cuello, la había hecho adicta a su sangre y que solo tomaría de él.
Dylan le respondió –no necesito de tu sangre, solo dame las pastillas- tratando que quitar su cara y no ceder,
-dime que te ocurrió y acabare con tu tortura, porque no resistirás más- dijo Keenan observando cómo se manifestaban sus rasgos
-prefiero; no hablar de eso, ni contigo, ni con nadie- dijo ella con voz ronca, necesitaba la sangre de ese vampiro… para su desgracia
Keenan la miro y se quitó diciendo –tuviste tu oportunidad y no la aprovechaste, Daphne- se levantó de la cama
Dylan iba recuperando lentamente la vista, apenas puede distinguir las cosas, vio que él estaba cubierto de sangre, plumas y polvo y dijo –viviré-, comenzó a recordar lo que vivió hace unas cuantas horas, como revivía su dolor, su terror, lo parecido que fue, solo que esa vez nadie la salvo