Narra Amara No sabía qué hora era cuando el sonido me despertó. Apenas había logrado cerrar los ojos cuando un golpecito seco en el cristal me despertó. Al principio pensé que era parte de un sueño, algún recuerdo mezclado con la inquietud que todavía llevaba en el cuerpo desde la cena. Me moví entre las sábanas, pero el ruido volvió, un pequeño impacto contra el vidrio. Me incorporé, confundida, con el corazón latiendo demasiado rápido para alguien que apenas se acaba de despertar. El cuarto estaba oscuro, apenas iluminado por la luz de la brillante luna que entraba por las cortinas. Me acerqué a la ventana y otro golpe. Cuando corrí la cortina, vi una silueta abajo. —¿Eli? Él estaba allí, con las manos en los bolsillos, una piedra en la otra mano y la cabeza inclinada hacia arriba,

